Vendetta pactada

CAPITULO 23

Me la pase adentro de la habitación, reflexionando, lo suficiente como para darme cuenta de que aún era bastante impulsiva y actúa de acuerdo con lo que sentía no de lo que debía, olvidando que ya no debía de hacerlo. Sebastián entra con una caja, arriba de esta había una corona de flores, lo miró mientras se acerca conmigo, me hace señas para que me siente con él en el piso.

—Sé que no es el mejor momento, pero…

—Es nuestro deber — Le digo, sabiendo que era en realidad algo más de lo que queríamos hacer. Me pongo el vestido que Sebastián había preparado para mi, no era el vestido exacto con el que me imaginaba, me miraba en el espejo para darme cuenta que ya no había un brillo…

Siempre imaginaba que mi vestido de bodas, por el cual dejaba de ser la señorita de Clue, y pasaba a ser la señora de mi esposo, iba a ser uno más que lujoso, que mi padre me esperaría a las afueras con lágrimas, pero lo único que me esperaba afuera era todo lo contrario a una boda, aplasto el vestido con las manos, para ponerme la corona.

—Nuestra señora luce hermosa… — Volteo para ver a Alexander, este tenia un parche en el ojo, no se por que pero me quedo paralizada sin poderme mover, este cierra la puerta para acercarse a mi, para ponerse de rodillas —. Lo siento… Enserio lo siento Sofía…

Me acercó para tocarlo y al saber que es real retrocedo un poco, nunca me detuve a pensar lo suficiente en cómo estaba él, me pongo de rodillas para quitarle el parche y ver la ausencia de su ojo.

—Nunca pensé ni un poco que sería capaz de traicionarme — Lo abrazo, llorando en sus brazos —. Nunca más vuelvas a hacerme eso.

—Jamás — Me dice alejándonos, para ayudarme a ponerme de pie —. Nuestra emperatriz jamás debe de estar de rodillas.

—Le daré validez mi matrimonio con Sebastián ante la iglesia — Le cuento y este me acomoda la corona.

—Muchas veces los padres comprometen a sus hijas para su propio beneficio, pero nunca había escuchado a una hija comprometerse para salvar a un imperio — Este no sabía mucho de peinarme pero si lo suficiente como para con sus manos enredar en mi cabello para atarlo.

—Me encontré a mi madre — Me sonríe obligándome a callar.

—Es tu boda, si no puedes disfrutar el momento. Crea el momento donde quisieras estar o bien con quisieras estar — Eso me había dado justo donde dolía, en los recuerdos.

La iglesia no estaba adornada para nada, en ningún lado parecía que la nobleza se casará, era demasiado austero, camino hacia con Sebastián quien también lucía de esta manera. No estaba para nada concentrada en mi boda, miraba los grandes ventanales, sentía que mis piernas podían caerse.

Sebastián se voltea para ponernos cara a cara. En mi mano, justo arriba de mi anillo de compromiso pone una alianza con las iniciales “ss” marcadas en este pequeño pedazo de metal, la sonrisa que me daba mostraba la falta de amor, y la razón suficiente para ver la obligación.

—Prometo esforzarme para unir nuestras vidas y trabajar incansablemente por el bienestar del imperio, bueno nuestro imperio. Nuestro compromiso va más allá de nosotros, irá con la responsabilidad de mantener una tradición y una herencia que se han transmitido a través de generaciones, que ahora seguirán nuestro legado. Acepto este desafío con humildad y determinación. Acepto juntar nuestras vidas…

Una lágrima cae de su rostro mostrando el deseo de no querer hacerlo.

—Te prometo eterna lealtad… apoyo incondicional en nuestro propósito común… Juntos forjaremos un futuro basado en la confianza, en la integridad y sobre todo el respeto… — Volteo para ver a Alexander quien me pida que siga, le tomo la mano a Sebastián quien se sorprende —.Te prometo ser tu fuerza en los tiempos de dificultad, justo como este, en los tiempos de tormenta y tribulaciones, permaneceré a tu lado, siempre encontrándonos en ambos consuelo y fortaleza en nosotros.

Al fondo puedo ver cómo es que desde la ventana mi madre está presente de su manera en esta boda. El pongo el anillo a Sebastián recordando por un momento a Caleb, esperaba que donde quiera que él estuviera se sintiera orgulloso de mí, por que yo siempre iba a estar enamorada de él, el no seria mi primer amor, pero si seria el que más me dolió que se fuera, el que curo mis heridas y también las provocó. Este me toca la cara sacando de mis pensamientos, mirando mi cara de terror que se gesticulaba por sí sola.

Este se agacha lo suficiente para besar mi frente, para mirarme los ojos y darme la seguridad, asiento con la cabeza, me tomó de la cadera para acercarme girar y besarme, queria reirme y entre el beso me gana la risa, mientras nos incorporamos.

Había hecho de un momento tenso, uno chistoso. La ceremonia termina, y ambos nos separamos cada quien se va por su propio camino. Mi hermano estaba con la misma espada de madera, este la estaba sosteniendo mal.

—¿Que haces zarigüeya? — Este se voltea riendo. Tomó una espada de madera de las que tenía para ponerme delante de él —. Primero debes sostener la espada con firmeza, pero sin tensar demasiado tu agarre.

Este me sigue pero la espada era demasiado pesada para su mano.

—Debes mantener una postura equilibrada y estar atento a tus movimientos de tus enemigos — Este trataba de imitarme, obviamente era un poco torpe y se miraba incómodo por cómo se agarraba todo, pero estaba determinado a aprender y me llenaba de orgullo su astucia —. Ahora presta atención a cómo debes moverte. Mantén tus pies ágiles y flexibles, listos para moverte rápidamente en cualquier dirección. Recuerda, el equilibrio es la clave.




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