Vendetta pactada

CAPITULO 33

4 días después…

Todos estábamos sentados con el mapa planeando lo que se debía hacer, por el momento debíamos incluir varios plebeyos entre los pasadizos que sean lo suficiente buenos escuchando para que sean nuestros oídos dentro del palacio, como también buscar comprar a algunos guardias, todo se debía hacer en menos de un mes, exacto, mientras que al mismo tiempo ganamos la confianza.

Alexander me hace señas, para que vaya con él. Este había estado buscando el momento oportuno para poder hablar con el Conde Sutton.

—Él se negó. Incluso me amenazó con cortar mi cabeza — Este jaló su cuello dejando ver como lo había amenazado.

—Mi señora, ya tenemos a los hombres que servirán — Me enseña el Marqués Edisto, mostrando a los 2 muchachos. Acepto con la cabeza. Me quedo pensando en cómo hacer para que el Conde Sutton se reúna conmigo.

—Sofía ¿Que le hiciste a ese pobre hombre? — Me pregunta, mientras le comienzo a contar todo cuidando de que no nos escuchen, no es que fuera secreto, pero tenía cierta imagen que mantener con los demás —. Demonios, hay demasiadas mentiras…

—Y eso es el inicio nada más — Ni siquiera me había adentrado al tema de quién era mi padre, sentía que ese era un secreto que debíamos de guardar. Los pasadizos secretos, si la emperatriz Michelle los uso para poder ver a su amante tal vez yo podría usarlos para hablar con Richard —. Tengo una idea, pero para ello mírame hoy en la noche en la entrada.

—¿Qué harás?

—Lo que sea necesario para hacer que las personas correctas estemos en el poder,

Esto lo deja mudo, pues solo asiente con la cabeza, estábamos viviendo en el sótano de un burdel. Sebastián parecía divertirse con la vida de civil pues se iba en la mañana y regresaba por la tarde. Bajo para encontrarme a Ethan buscando una manera de hacer que los plebeyos supieran de que hay una resistencia ante la monarquía sin ser obvios.

—La respuesta es el pan — Responde el Marques —. Piénsenlo, los nobles no compran pan por el hecho de que con eso pueden llenarse, si cada persona se reúne en una panadería, no será tan obvio.

—Pero ahora la pregunta es ¿Cuál panadería? — Pregunta la Marquesa.

—Creo que la de mis padres puede ayudar — Dice Raquel, siendo la última en llegar. Alexander se sorprende, pero ni siquiera es capaz de mirarla, solo voltea su cabeza, mientras ella se acerca —. Mis padres son plebeyos, estos tienen una panadería a unas cuantas calles de aquí. Si se los pido estos aceptaran.

—Qué bueno es verte Raquel — Le digo, pero se notaba una gran distancia entre nosotras, al verme hace una pequeña reverencia.

Recobro la compostura para ver en el mapa donde estaba situada.

—Me parece una muy buena idea, pero la última palabra la tiene usted. ¿Qué le parece a la emperatriz? — Analizo un poco la situación, el gobierno del Conde Sutton daba la libertad de que los plebeyos tomarán por sus propias la vida de algunos nobles para reclamar el poder o sus títulos, los que ahora tendrían eso una vez que subamos serían despojados de su título, era obvio que muchos podrían delatarnos. Siento una mano cálida de Sebastián quien estaba lleno de tierra y sudor.

—No hay planes malos, a menos de que sean aquellos que no se intentan — Dice dándome seguridad.

—Iré yo para negociar, y Raquel, tienes que venir — Le digo a pesar de la renuencia de Alexander.

—Si es el deseo de la emperatriz es mi obligación obedecer — Esta sale hecha una furia. Siempre habíamos tenido una cordial relación hasta este momento, ella estaba en la parte de arriba, el burdel estaba cerrado a excepción de algunas meretrices que seguían en servicio.

            Esta brinca la barra para tomar una botella.

—¿Todo bien? — Le pregunto mientras ella toma un jarrón de cerveza para verter el líquido.

—Si veré a mis padres tengo que estar ebria — Ella me mira fijamente, al esperar que le diga algo, pero en el propio sentido no podía decirle algo, me quedé sin palabras.

—¿Está todo bien entre nosotras? — Esta me da la botella que quedaba un poco de licor.

—Si. Nada más recorrí quien sabe cuántas millas para ver a mi esposo que es incapaz de verme a la cara después de que le reclamé porque no quiso huir conmigo de todo esto — Ella lo había soltado tan tranquila —. Yo solo quiero que me incluya en sus planes. ¿Será difícil pedirle que me deje luchar a su lado?

—Alexander, tiene un cierto arrepentimiento por qué no te puede dar la vida que te prometió darte. Lamentablemente de amor no se puede vivir. Si el huía contigo, nunca ibas a poder regresar.

—Yo no necesito esas riquezas…

—Dices no necesitarlas, pero quieres volver al tiempo en donde tengas que hacer todo para tan solo sobrevivir un día más, necesitamos el poder y las riquezas para sobrevivir cómodamente.

—¿Qué te pasó? — Me pregunta —. Ya no puedo reconocerlos, desde que tu perdiste a Caleb te volviste vulnerable, tu dolor te hizo humana pero ahora hablas del poder como si fuera tu derecho.

—Es mi derecho al ser la esposa del heredero al trono.




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