Dos semanas después
Nunca había entendido por qué las personas sonreían tanto cuando estaban a punto de anunciar una mentira, quizá porque una sonrisa hacía que todo pareciera más agradable, quizá porque ayudaba a ocultar los nervios o quizá porque las personas preferían creer que aquello que estaban observando era felicidad antes que preguntarse qué había detrás de ella. Aquella noche mientras permanecía frente al espejo de mi habitación entendí finalmente por qué, la sonrisa era parte del disfraz.
Observé mi reflejo durante unos segundos antes de tomar el último pendiente que descansaba sobre la mesa y colocarlo en mi oreja, el vestido blanco que habían elegido para mí caía hasta el suelo con una elegancia que resultaba imposible ignorar, confeccionado en una tela satinada de un blanco marfil que reflejaba suavemente la luz cada vez que me movía, tenía un escote en forma de corazón que dejaba mis hombros completamente descubiertos y sobre ellos, descansaban unas pequeñas mangas caídas de la misma tela, ligeramente recogidas que enmarcaban la parte superior de mi cuerpo sin hacer que el vestido pareciera excesivamente elaborado. El corpiño se ajustaba perfectamente a mi figura, siguiendo la línea de mi cintura y manteniéndose liso en la parte delantera, aunque algunos pliegues muy sutiles en la tela rompían la uniformidad del satén y le daban movimiento, mientras que en la zona de la cintura el tejido comenzaba a recogerse de manera delicada, formando pequeñas ondulaciones que continuaban hacia las caderas y hacían que la falda cayera con una apariencia más fluida. La parte inferior era larga y ligera, extendiéndose hasta el suelo y formando una pequeña cola que arrastraba suavemente detrás de mí, mientras que una abertura alta en uno de los lados dejaba visible mi pierna al caminar, aportándole al vestido un detalle atrevido que contrastaba con la elegancia casi inocente del blanco, además de que la tela se abría alrededor de mis piernas con cada movimiento y volvía a caer sobre el suelo formando pliegues brillantes que parecían cambiar de tono bajo las luces. El vestido no tenía bordados, piedras ni adornos innecesarios y precisamente por eso resultaba tan elegante, todo dependía de la caída del satén, del corte ajustado del corpiño, de los pliegues de la cintura y de aquella larga falda que parecía extenderse alrededor de mis pies como una capa de seda. Mis zapatos también eran blancos y delicados, cubiertos de pequeños detalles brillantes que apenas podían distinguirse bajo la falda y completaban el conjunto sin quitarle protagonismo al vestido.
No llevaba demasiadas joyas, solamente unos pendientes pequeños y un brazalete que pertenecía a mi familia desde hacía varias generaciones, aunque alrededor de mi cuello descansaban varias cadenas finas que se superponían unas sobre otras y terminaban de completar el escote descubierto, algunas más cortas y otras ligeramente más largas, todas delicadas y discretas, lo suficiente para aportar un brillo tenue sobre mi piel sin convertir el conjunto en algo exagerado.
Mi cabello negro caía suelto sobre mis hombros y descendía en ondas suaves por mi espalda contrastando con el blanco del vestido, mientras algunos mechones enmarcaban mi rostro y hacían que mis ojos color miel resaltaran todavía más bajo la iluminación de la habitación. Blanco, siempre blanco o gris, Shen Guowei decía que los colores claros me hacían parecer más tranquila, nunca le había preguntado si aquello era un cumplido, probablemente lo era, aunque aquella noche el blanco me hacía sentir extrañamente diferente, demasiado delicada para alguien como yo, casi como si el vestido hubiera sido elegido para representar a una mujer que no existía.
Me aparté un mechón de cabello negro del rostro y volví a mirar mi reflejo, observando durante unos segundos cada detalle del vestido, la forma en que el satén abrazaba mi cintura, los pliegues que caían sobre mis caderas, la abertura que dejaba una de mis piernas al descubierto y la larga cola que se extendía detrás de mí, todo estaba diseñado para hacerme parecer elegante, femenina y sobre todo, inocentemente enamorada, pero yo sabía que ninguna de aquellas cosas tenía relación con lo que realmente estaba ocurriendo. No parecía una mujer a punto de comprometerse, parecía una mujer a punto de entrar en una negociación y en cierto modo eso era exactamente lo que iba a hacer.
Dos semanas habían pasado desde aquella noche en Singapur, dos semanas desde que Nikolas y yo habíamos establecido las condiciones de nuestro acuerdo, dos semanas desde que nuestros padres habían entrado en aquella habitación y habían leído el documento que habíamos preparado. Recuerdo perfectamente la expresión de Shen Guowei cuando llegó a la última condición, no había dicho nada durante varios segundos, simplemente había mantenido los ojos sobre aquellas palabras como si estuviera intentando decidir si realmente había entendido lo que acababa de leer, después había levantado la mirada hacia mí con una expresión que no necesitaba demasiadas explicaciones aunque se notaba en parte también relajado.
—¿No habrá descendencia?
—No durante la duración del acuerdo.
Konstantinos había hecho exactamente lo mismo, solo que él si parecía agobiado con aquella condición, había mirado a su hijo y Nikolas solamente se había encogido de hombros, como si aquella decisión no necesitara demasiada discusión.
—Fue una condición de ambos.
Y eso había sido suficiente, ninguno de nuestros padres parecía completamente satisfecho con algunas de nuestras decisiones, especialmente con la duración del contrato y con la última de no descendencia, pero habían aceptado el acuerdo porque al final aquello seguía siendo una alianza, y la alianza era lo suficientemente importante como para que las condiciones personales de sus herederos pasaran a un segundo plano.
Dos años, sin interferencias, sin control, sin expectativas, sin hijos por obligación y sobre todo, sin enamorarnos, habíamos establecido cada límite con cuidado porque ambos sabíamos que si íbamos a entrar en aquel matrimonio, necesitábamos conservar la mayor cantidad de libertad posible dentro de una situación que ya había comenzado quitándonos parte de ella.
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Editado: 11.08.2026