El viaje había sido más largo de lo que quería admitir aunque ninguno se había quejado demasiado, habíamos pasado buena parte del trayecto revisando documentos y hablando de las rutas comerciales que tendríamos que reorganizar y repasando las reuniones que nos esperaban en Nueva York, tratando de crear una historia sólida que pudiéramos sostener frente a cualquiera que preguntara demasiado sobre nuestro matrimonio o relacion. No podíamos limitarnos a conocer los nombres de los lugares que visitaríamos o las empresas con las que tendríamos reuniones, necesitábamos saber qué decir, cuánto tiempo llevábamos nuestra relación, además de como nos enamoramos y todas esas tonterías cursis, más la informacion de cuáles eran nuestros intereses comerciales y qué relación existía entre las operaciones de los Asteriadis y La Puerta de Jade de modo que si alguien intentaba comprobar nuestra versión, encontrara exactamente lo que esperaba encontrar.
Nikolas se había encargado principalmente de los detalles relacionados con el transporte marítimo y las empresas estadounidenses vinculadas a su familia, mientras yo había revisado la información relacionada con los contactos asiáticos que podían aparecer durante nuestras reuniones, así que aunque viajábamos como recién casados, buena parte del trayecto la habíamos pasado trabajando.
Cuando finalmente aterrizamos ya era de noche. Desde el aeropuerto nos trasladamos directamente hacia Manhattan, atravesando una ciudad que todavía parecía despierta a pesar de la hora con edificios iluminados elevándose sobre las calles y vehículos avanzando entre las avenidas como pequeñas corrientes de luz, mientras las enormes pantallas publicitarias reflejaban sus colores sobre los cristales de los edificios y las personas continuaban caminando por las aceras como si la madrugada todavía estuviera demasiado lejos. Yo observaba el paisaje desde la ventana mientras Nikolas permanecía a mi lado, revisando por última vez algunos documentos en su teléfono, aunque de vez en cuando levantaba la mirada para observar el camino que recorríamos, probablemente comprobando que el conductor estuviera siguiendo la ruta establecida.
No hablamos demasiado durante el trayecto, ambos sabíamos que todavía tendríamos que revisar los documentos cuando llegáramos y que al día siguiente comenzarían oficialmente las reuniones y el verdadero show. Además de que después de tantas horas de viaje incluso mantener una conversación sencilla parecía requerir más energía de la necesaria. Permanecí observando las calles hasta que finalmente reconocí algunas de las zonas más importantes de Manhattan y comprendí que estábamos acercándonos al destino.
El vehículo finalmente se detuvo frente al edificio de la familia Asteriadis.
No era un edificio que necesitara llamar demasiado la atención para demostrar su valor. La fachada de cristal y piedra oscura se elevaba varios pisos sobre la avenida, con líneas modernas y grandes ventanales que reflejaban las luces de Manhattan, mientras la entrada principal permanecía iluminada de manera discreta y varios vehículos de lujo esperaban frente a ella. No había ningún nombre enorme sobre la fachada ni ningún símbolo que revelara quién era realmente el propietario, solamente una identificación corporativa perfectamente normal que correspondía a una de las empresas legales de la familia.
Desde el exterior podía confundirse con cualquiera de las propiedades de lujo que pertenecían a familias extremadamente ricas de Manhattan, pero sabía que aquella propiedad tenía una función mucho más importante para los Asteriadis. Allí se realizaban reuniones, se alojaban miembros de la familia cuando permanecían en la ciudad y ocasionalmente se tomaban decisiones relacionadas con operaciones que jamás aparecían en los registros de la empresa que figuraba en la entrada. Era una propiedad pensada para mantener una apariencia completamente legal mientras que detrás de determinadas puertas se desarrollaban asuntos que no tenían absolutamente nada que ver con la actividad comercial que aparecía registrada oficialmente.
Un hombre de seguridad se acercó al vehículo cuando descendimos y aunque no necesitó preguntarnos quiénes éramos, Nikolas intercambió unas palabras con él mientras yo permanecía cerca observando discretamente los alrededores y las entradas del edificio. La seguridad era evidente, aunque estaba organizada de una manera bastante menos visible que la de La Puerta de Jade, no había hombres armados ocupando cada esquina ni personas que parecieran vigilar directamente a los visitantes, todo estaba integrado dentro del funcionamiento normal del edificio.
Nikolas tomó una de las maletas.
—¿Cansada?
—No.— dije con firmeza con el rostro inexpresivo, no le iba a dar señales de vulnerabilidad a este.
Entramos al edificio y atravesamos el vestíbulo donde el mármol oscuro reflejaba la iluminación cálida de las lámparas y varios empleados nos recibieron con una discreción casi absoluta. Nadie hizo comentarios sobre nuestra boda, aunque era evidente que sabían quiénes éramos y por qué estábamos allí. Después de todo, nuestra llegada había sido preparada con anticipación y el personal sabía perfectamente que el heredero Asteriadis llegaría acompañado de su esposa.
Subimos directamente al ascensor privado.
Las puertas se cerraron y durante unos segundos solamente se escuchó el sonido silencioso del mecanismo elevándonos por el edificio. Nikolas permanecía a mi lado con las manos en los bolsillos mientras yo observaba los números que iban cambiando sobre las puertas.
—¿Cuántos pisos? —pregunté.
—Nuestro departamento ocupa dos completos— dijo con tranquilidad. Lo miré.
—¿Dos?
—Sí.
—Es innecesario.
—Mi familia no conoce demasiado bien esa palabra— rode los ojos con molestia conteniendo mis maldiciones, las puertas finalmente se abrieron y comprendí inmediatamente por qué habían elegido aquel lugar para nosotros. El apartamento ocupaba dos pisos completos conectados por una escalera interior de diseño moderno, con ventanales enormes desde los que podía contemplarse Manhattan iluminada durante la noche, una sala amplia, un comedor separado por una división de cristal, una cocina completamente equipada, varias habitaciones destinadas a invitados suponia yo, y un despacho privado que según Nikolas utilizaríamos para trabajar mientras permaneciéramos en la ciudad.
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Editado: 31.08.2026