Venganza en directo

CAPÍTULO 8.2 : UNA PELÍCULA NO MUY INTERESANTE

Por supuesto que había tenido relaciones.

Damien.

Su antiguo amor y su mayor decepción. ¿No era gracias a él que se había vuelto tan dependiente de la audiencia, los likes y la admiración?

—Mis relaciones resultaron ser falsas, y yo, solo un decorado para la vida de Instagram de un chico de Instagram. —admitió con sinceridad.

—Lo siento. —dijo Jan en voz baja.

Ella lo miró, sorprendida.

—¿Por qué?

—Por recordarte algo desagradable. —Jan hablaba con cuidado, eligiendo sus palabras—. Nadie merece ser solo contenido.

Algo se apretó en la garganta de Lara.

—¿Ni siquiera una influencer falsa?

—¿Ni siquiera ella. —Él sonrió un poco—. Aunque la palabra "falsa" es discutible.

—¿Jan Morelli defendiendo las redes sociales? —Ella fingió estar impactada—. ¿Quién eres y qué hiciste con el verdadero Jan?

Él se rio, en voz baja para no molestar, aunque no había a quién, su sección estaba vacía.

—No defiendo las redes sociales. Solo... —se quedó pensativo—. Estos tres días me han hecho replantearme algunas cosas.

—¿Cuáles?

—Que no todo es blanco y negro. —Jan la miró directamente—. Que a veces las personas toman malas decisiones por buenas razones. Que un video no define a una persona.

Lara sintió que sus mejillas ardían.

—¿Eso nos acerca a una disculpa que voy a recibir?

—Sí. Y a admitir que tal vez fui un poco duro.

—¿Un poco?

—Lara, invadiste mi restaurante.

—¡Y tú me echaste a un charco!

—¡Caíste en el charco tú sola!

Se miraron y, de repente, ambos sonrieron.

—¿De verdad estamos discutiendo en una cita falsa? —susurró Lara.

—Parece que sí. —Jan se recostó hacia atrás—. ¡Somos terribles!

—¿Tal vez necesitamos practicar más?

—O aceptar que simplemente no estamos hechos para llevarnos bien.

Pero él sonreía mientras lo decía. Y Lara le devolvía la sonrisa.

Y la película seguía en la pantalla, olvidada, irrelevante...

Porque algo más estaba sucediendo aquí, en la oscuridad de la sala de cine.

Algo que no estaba en el guion.

De alguna manera, entre bromas y pequeñas discusiones, comenzaron a hablar. A hablar de verdad.

—¿Por qué la cocina? —preguntó Lara, saboreando las palomitas, que se habían convertido más en una excusa para ocupar las manos que en comida.

Jan pensó un momento.

—Nonna. Mi abuela. —Su voz se suavizó—. Cuando era niño, mis padres trabajaban mucho. Pasaba el tiempo en su panadería. Ella me enseñó a amasar dough, a cortar verduras, a entender qué sabores funcionan juntos.

—¿Es italiana?

—Sí. Se mudó aquí después de casarse. —Sonrió con el recuerdo—. Es la mujer más terca que conozco. Pero también la más sabia.

—¿Ella sabe de nosotros? ¿De... esto? —Lara señaló entre ellos.

Jan dudó.

—Sí. Ella... lo apoya.

—¿Apoya un romance falso?

—Apoya que intente salvar el restaurante. —Hizo una pausa—. Aunque dijo algo extraño.

—¿Qué?

—Que a veces las mejores cosas comienzan en las peores circunstancias. —Jan miró a Lara—. No sé exactamente qué quiso decir.

Lara tampoco estaba segura. Pero algo en esas palabras resonó con ella.

—¿Y por qué el blogging? ¿Los viajes? —preguntó Jan.

Lara suspiró.

—Al principio fue casualidad. Viajaba después de la universidad, publicaba fotos. Una se volvió viral. Luego las marcas comenzaron a contactarme. El dinero era bueno. Muy bueno. —Jugaba con el vaso de refresco—. Y de repente, ya no era un hobby. Se convirtió en un trabajo. Una carrera. Una identidad.

—¿Extrañas esa época? ¿Cuando todo era más simple?

—Todos los días. —La respuesta salió más rápido de lo que esperaba. Más honesta.

Jan asintió, como si lo entendiera.

—Yo también extraño a veces. La época en que los platos eran solo... platos. No un negocio, no inversores, no calificaciones. No mi cara frente a los clientes. Solo yo y la comida.

—Vendimos nuestras almas —sonrió Lara con tristeza—. Por cosas diferentes, pero las vendimos.

—Tal vez. —Jan se giró hacia ella—. Pero aún no es tarde para recuperarlas.

—¿Crees en eso?

—Quiero creerlo.

Silencio. Un silencio cómodo. Algo raro entre dos personas que se conocen desde hace tres días y bajo las peores circunstancias.




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