Su corazón aceleró el ritmo.
Respondió.
—Hola.
—Hola. —Su voz sonaba... extraña. Tensa—. ¿Viste las fotos?
—Sí. Parece que todo el mundo las ha visto ya.
—Lara... —hizo una pausa—. Sobre hoy. En el cine. Lo que hablamos...
—¿Sí?
—Fue... —buscaba las palabras—. Agradable. Hablar contigo. Solo...
Algo cálido se expandió en su pecho.
—A mí también me resultó agradable.
—Bien. —Había alivio en su voz, ¿o no?—. Solo quería asegurarme de que... de que todo estuvo bien hoy.
—Más que bien. —Ella miró la foto de nuevo—. Gracias. Por protegerme. De los paparazzi.
—Siempre... —se detuvo—. Quiero decir, como parte del acuerdo, yo... —Otra pausa—. Mierda.
Lara sonrió.
—Jan.
—¿Sí?
—Respira.
Él soltó una risa breve, nerviosa.
—Lo siento. No soy muy bueno en esto.
—¿En qué? ¿En romances falsos?
—En cualquier tipo de romance. —Honestidad en su voz—. Falso o no.
Silencio.
—Jan —susurró Lara—. Hoy fue... diferente. De lo que esperaba.
—Lo sé.
—Hablamos de cosas reales.
—Lo sé.
—Y cuando tú... cuando me sostuviste... —No pudo terminar la frase.
—No fue para las cámaras —dijo él en voz baja—. Si es lo que estás preguntando.
Su respiración se entrecortó.
—Entonces, ¿por qué?
Una pausa larga, muy larga.
—Porque no podía ver cómo te empujaban y no hacer nada. —Su voz era sincera, honesta—. Porque por un momento olvidé el plan, las reglas, todo. Solo... quería protegerte.
Lara cerró los ojos, presionando el teléfono más fuerte contra su oído.
—Eso rompe la regla número cinco —susurró.
—Lo sé.
—Nada de sentimientos reales.
—Lo sé. —Él respiró hondo—. Pero Lara, hoy... por un momento ahí... no estoy seguro de poder...
—No lo digas —lo interrumpió—. Por favor, no lo digas en voz alta.
Porque si lo decía, se volvería real.
Si él admitía que sentía algo, ella tendría que admitirlo también.
¿Y entonces qué?
Entonces todo el juego se derrumbaría.
O se transformaría en algo más.
Algo más aterrador.
—Está bien —dijo él finalmente—. No lo diré. Todavía no.
Todavía no.
Las palabras quedaron suspendidas entre ellos.
—Jan...
—Buenas noches, Lara. —Su voz era suave, cálida—. Hasta el próximo encuentro.
—Buenas noches...
Lara yacía en la oscuridad, y su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo.
En la pantalla, esa foto. Jan protegiéndola. Mirándola de esa manera...
Tocó la pantalla donde estaba su rostro.
"Es un juego", susurró en la habitación vacía. "Solo un juego. Una actuación. Un acuerdo."
Pero su corazón latía como loco.
Y sus mejillas ardían.
Y en algún lugar profundo, en un lugar que intentaba ignorar, una pequeña voz susurraba la verdad:
"Esto ya no es un juego. Y lo sabes."
Lara cerró los ojos, abrazó la almohada y se permitió, solo por un momento, imaginar que la foto era real.
Que esa mirada era real. Y ese pensamiento la asustaba más que todo el odio de internet junto. Porque enamorarse en un romance falso por contrato...
Era la forma más rápida de romperse el corazón. Pero ya era demasiado tarde, susurraba esa pequeña voz. Ya era demasiado tarde.