La mañana siguiente, Lara estaba frente al espejo en su apartamento, mirando su reflejo e intentando calmar su corazón.
Hoy era el día del beso.
Un beso escenificado, se recordaba a sí misma. Para las cámaras. Para los paparazzi. Para el plan.
Pero entonces, ¿por qué le temblaban las manos mientras aplicaba brillo en sus labios?
—Es solo un beso —susurró a su reflejo—. Los actores lo hacen todo el tiempo. No significa nada. Es trabajo. Profesional. Solo... un contacto de labios con labios. Un procedimiento técnico.
Su teléfono vibró. Mía.
"¿Lista? Jan ya está en el lugar. Un par de blogueros menores están en posición. Sí, los 'avisé accidentalmente'. La iluminación es perfecta. ¡Hora de la magia!"
Lara se miró al espejo una vez más. Un vestido azul claro, elegido por Mía bajo el criterio de "romántico, pero no demasiado", el cabello suelto en ondas naturales, maquillaje mínimo. Se veía... bien, aunque nerviosa.
Escribió una respuesta:
"Saliendo. Mía... ¿es normal que esté entrando en pánico?"
La respuesta llegó de inmediato:
"Completamente normal. Es tu primer beso 'oficial' con él. Incluso si es escenificado, es un gran momento. Respira. Te garantizo que él también está nervioso."
Por alguna razón, la idea de que Jan también estuviera nervioso la tranquilizó un poco.
Agarró su bolso, las llaves y salió antes de que pudiera cambiar de opinión.
***
El paseo marítimo estaba hermoso a esa hora. El sol comenzaba a ponerse, el cielo se teñía de tonos melocotón y rosa, el agua reflejaba los colores. La gente paseaba, las parejas se sentaban en los bancos, los niños corrían con helados.
Un escenario romántico perfecto.
Ideal para un momento escenificado.
Lara vio a Jan desde lejos: estaba de pie junto a la barandilla, mirando el agua, con las manos en los bolsillos de unos vaqueros oscuros. Camisa blanca con las mangas remangadas, el cabello un poco despeinado por el viento. La imagen parecía un fotograma de una película romántica.
Su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él lo oiría incluso a esos diez metros de distancia.
Mía y Félix estaban en algún lugar cercano, "observadores discretos", como se autodenominaban. Y los paparazzi-blogueros... vio a tres tratando de parecer naturales cerca de los árboles y los quioscos. No lo lograban muy bien.
Lara se acercó, sus pasos se ralentizaron.
Jan se giró, como si hubiera sentido su presencia.
Sus miradas se encontraron.
—Hola —su voz salió más baja de lo que había planeado.
—Hola —respondió él, y ella notó cómo su mandíbula se tensaba. Él también estaba nervioso.
Se quedaron de pie, a un metro de distancia, ambos sin saber qué hacer con las manos, los ojos, las palabras.
—Entonces —comenzó Lara—. Hoy...
—Sí —dijo él rápidamente—. Hoy.
—El beso.
—El beso escenificado.
—Para las cámaras.
—Exacto. Para las cámaras. —Carraspeó—. ¿Mía te envió... instrucciones?
—Sí. —Lara sacó su teléfono, abrió el mensaje de Mía y comenzó a leer en voz alta, tratando de sonar profesional—: "Acérquense. Jan, pon una mano en su mejilla o cintura. Lara, pon una mano en su pecho o hombro. Mírense a los ojos durante unos segundos. Luego el beso: tierno, romántico, unos cinco segundos. Sepárense lentamente. Sonríanse el uno al otro."
Terminó de leer y miró a Jan.
Él la miraba con una expresión difícil de descifrar.
—Cinco segundos —repitió él.
—Sí. Lo suficiente para las fotos, pero no... —se trabó—. No demasiado.
—¿Demasiado para qué?
—No sé. Solo... no demasiado.
Se miraron, ambos conscientes de lo absurdo que era planear un beso como si fuera una operación militar.