Venganza y Pasión

El trato

Capítulo 9

La mañana entró suave por la ventana de la habitación, pero no trajo paz. Me desperté con el mismo peso en el pecho con el que me había dormido: la duda, la venganza, él. Me senté en el borde de la cama, con las manos entrelazadas, mirando hacia la puerta. Sabía que estaba ahí, al otro lado, esperándome. Y yo no sabía qué decirle. No sabía si estaba tomando la decisión que me salvaría... o la que me destruiría.

Me levanté, me lavé la cara con agua fría, intentando despejar la mente, pero la imagen de Dante no se iba. Cada vez que cerraba los ojos, lo veía esperándome, con esa paciencia que me desarmaba, con esa mirada que parecía ver más allá de todo lo que yo intentaba ocultar. Me vestí despacio, con ropa oscura, cómoda, como si pudiera protegerme de lo que iba a hacer. Y cuando por fin abrí la puerta, lo encontré ahí, sentado en el pasillo, en una silla que había traído de la sala, con la espalda apoyada contra la pared, los codos sobre las rodillas y la cabeza baja, como si hubiera pasado toda la noche sin dormir. Al escuchar la puerta, levantó la vista de inmediato, y sus ojos oscuros se encontraron con los míos, llenos de una esperanza que me dolió ver.

-Buenos días -dijo, suave, sin levantarse todavía, como si temiera asustarme-. Dormiste algo?

-Lo suficiente -respondí, y mi voz sonó más firme de lo que sentía-. ¿Tú pasaste toda la noche aquí?

Él se puso de pie, enderezándose, y se pasó una mano por el cabello, despeinándolo un poco más. Se veía cansado, con ojeras leves bajo los ojos, pero su mirada seguía igual: intensa, fija en mí, como si yo fuera la única cosa que importara en el mundo.

-No quería dejarte sola -dijo simplemente-. No sabía si te sentirías segura si no estaba cerca.

Me mordí el interior de la mejilla, luchando contra el nudo que se formaba en mi garganta. No te dejes engañar, me dije. Es una estrategia. Todo lo hace para que confíes en él. Para que bajes la guardia. Pero por más que lo repetía en mi cabeza, mi corazón no terminaba de creérselo. Nadie finge tanto tiempo, pensé. Nadie pasa la noche sentado en un pasillo solo para engañarme. ¿Verdad?

-Bajemos a la sala -dije, sin responder a su pregunta-. Necesitamos hablar.

Asintió, sin insistir, y caminó a mi lado, un paso atrás, como si me diera el control de la situación. Eso también me confundía. Un hombre tan poderoso, tan acostumbrado a mandar y ser obedecido, y conmigo... siempre cediendo, siempre esperando, siempre dejándome decidir.

Llegamos a la sala. Había luz de mañana entrando por las ventanas, iluminando el polvo que flotaba en el aire. Nos sentamos en el sofá, uno frente al otro, separados por un espacio que se sentía enorme. Él no habló. Me dejó a mí empezar, como si supiera que necesitaba ordenar las palabras antes de soltarlas.

-He pensado mucho en lo que dijiste -empecé, y mis manos se entrelazaron con fuerza en mi regazo-. En casarnos. En el trato.

Esperé que dijera algo, pero no lo hizo. Solo asintió levemente, con esa paciencia infinita, y me hizo una seña para que continuara.

-Aún no confío del todo en ti -solté de golpe, porque necesitaba que lo supiera desde el principio-. Todavía hay cosas que no encajan. Todavía no sé si tienes algo que ver con lo que le pasó a mi familia. Y aunque... aunque sienta algo cuando estoy contigo, eso no borra mi duda. No borra mi venganza. No borra lo que vine a hacer aquí. Si nos casamos, Dante, tiene que quedar claro: yo no lo hago por amor. Lo hago por protección. Por ayuda. Porque sin ti, no puedo llegar a la verdad. Y cuando todo termine... cuando sepa quién es el culpable, cuando mi familia tenga justicia... entonces veremos qué pasa. No prometo quedarme. No prometo nada más que eso.

Terminé de hablar y bajé la mirada, esperando su enojo, su rechazo, su orgullo herido. Pero no pasó nada de eso. Cuando levanté la vista, lo vi mirándome con una ternura que me partió el pecho. No estaba ofendido. No estaba molesto. Parecía entender cada palabra, cada duda, cada miedo que llevaba dentro.

-Te escucho -dijo, con voz suave y firme-. Y acepto cada condición. No te pido que me ames ahora. No te pido que confíes en mí de inmediato. Si nos casamos, lo hacemos bajo tus reglas. Protejo tu vida, doy acceso a todo lo que tengo, te ayudo a investigar, a buscar la verdad, a encontrar al responsable. Y a cambio... solo te pido una cosa: que no te alejes de mí sin darme la oportunidad de explicarte. Que si descubres algo que te haga dudar de mí, me lo preguntes antes de juzgarme. Eso es todo. ¿Es justo?

Me quedé sin palabras. Esperaba que pusiera condiciones. Esperaba que exigiera algo a cambio. Pero él... él solo me daba todo, sin pedir nada que no fuera una oportunidad.

-¿Y si nunca te amo? -pregunté, y la pregunta me dolió al decirla, aunque no sabía por qué-. ¿Y si para mí siempre es solo un trato? ¿No te importa?

Dante se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas, y me miró a los ojos con una sinceridad que me atravesó por completo.

-Me importa -admitió, y su voz se quebró levemente-. Me dolería más que nada en el mundo. Pero prefiero tenerte cerca, aunque sea como esposo y esposa por conveniencia, a no tenerte en mi vida en absoluto. Y tengo esperanza. Tengo fe en que, con el tiempo, con la verdad, con el tiempo que pasemos juntos... tal vez algún día me veas como yo te veo a ti. Y si no... al menos te habré dado la protección que necesitabas. Al menos habré cumplido mi parte.

Las lágrimas se me acumularon en los ojos, pero las reprimí. No podía llorar. No podía mostrarle lo mucho que sus palabras me afectaban. No podía dejar que viera que esa parte de mí que quería creer en él era más fuerte que la que quería vengarse.

-Está bien -dije, y la palabra salió temblorosa, pero segura-. Acepto el trato. Nos casamos. Bajo esas condiciones.

Una luz se encendió en sus ojos, una mezcla de alegría y alivio tan grande que sentí que me arrastraba con ella. No gritó. No celebró. Solo asintió lentamente, como si el peso del mundo se le hubiera levantado de los hombros, y una media sonrisa triste pero sincera apareció en sus labios.




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