Venganza y Pasión

El miedo a perderte

Capítulo 16

No recuerdo haber caminado con tanta lentitud en toda mi vida. Cada paso que me alejaba de su puerta pesaba como plomo, como si el suelo mismo se resistiera a dejarme ir, como si mi propio cuerpo supiera que estaba cometiendo el error más grande de mi existencia. Pero me fui. Me obligué a hacerlo. Porque si me quedaba un segundo más, si la veía abrir los ojos y mirarme... no habría podido marcharme. Y entonces, todo habría sido en vano.

Llegué a mi habitación y me dejé caer contra la puerta cerrada, deslizándome hasta quedar sentado en el frío suelo, con la cabeza entre las manos, y un gemido ahogado que me rompió la garganta antes de que pudiera detenerlo. No podía respirar. El aire me faltaba, como si me hubieran arrancado los pulmones y me hubieran dejado ahí, vacío y sangrando, sin saber cómo seguir. Me odia. Esas palabras resonaban en mi mente una y otra vez, cada vez más fuertes, más afiladas, más letales. Te odio con toda mi alma. Y lo peor no era que me lo hubiera dicho... lo peor era que ella lo creía. Con toda su alma lo creía. Y yo no tenía forma de defenderla. No tenía forma de defenderme.

Me levanté de golpe, incapaz de quedarme quieto, de soportar el silencio de la habitación que me recordaba a cada instante que ella estaba a unos metros de mí y al mismo tiempo a años luz de distancia. Empecé a caminar de un lado a otro, pasando una y otra vez por el mismo lugar, como si el movimiento pudiera borrar el pensamiento que me atormentaba. ¿Y si tiene razón? ¿Y si soy el villano? ¿Y si todo lo que hice, todo lo que callé, la llevó a esto?

La culpa me quemaba más fuerte que cualquier fuego. Había guardado silencio para protegerla. Había callado la verdad porque creí que si la sabía, si la verdad salía antes de tiempo, Rodrigo la mataría. Lo había amenazado. Lo había mirado a los ojos y le había dicho claramente: "Si le cuentas algo, si la involucras antes de que esté listo, ella muere. Y tú la verás caer." Y yo había creído que callar era el acto de amor más grande que podía darle. Que protegerla era mejor que decirle la verdad aunque me odiara por ello. Pero ahora... ahora no estaba tan seguro. ¿De qué servía proteger su vida si yo estaba destruyendo su corazón? ¿De qué servía mantenerla a salvo si ella vivía convencida de que yo era el monstruo que le había arrebatado todo?

Salí de la habitación sin pensarlo, guiado solo por la necesidad de verla, de saber que estaba bien, de comprobar con mis propios ojos que estaba ahí, viva, respirando, aunque fuera odiándome. Bajé las escaleras despacio, sin hacer ruido, como si el menor sonido pudiera romper el frágil equilibrio en el que vivíamos. Atravesé el pasillo, crucé la sala, y salí al jardín trasero por la puerta que siempre dejaba entreabierta. El aire frío de la noche me golpeó el rostro de inmediato, pero no me importó. No sentí el frío. Solo sentí el vacío en el pecho, la angustia creciendo con cada paso que daba hacia el centro del jardín, donde podía ver su balcón.

Y ahí estaba ella.

Mi corazón se detuvo de golpe. Estaba de pie, apoyada en la barandilla, con la botella en la mano, tambaleándose levemente, con la mirada perdida en la oscuridad del jardín. Y entonces vi cómo se inclinaba hacia adelante, demasiado hacia adelante, como si quisiera acercarse más, como si quisiera ver lo que había al otro lado, más allá del borde. El pánico me atravesó entero, helándome la sangre, dejándome sin aliento. No. Por favor, no. No hagas eso.

Corrí hacia la escalera exterior que llevaba a su balcón, sin importarme el ruido, sin importarme nada más que llegar a ella antes de que fuera demasiado tarde. Subí los escalones de dos en dos, con el corazón golpeándome tan fuerte que temí que se me saliera del pecho. Cuando llegué arriba, me detuve un instante en la sombra, tratando de recuperar el aliento, tratando de calmar el temblor de mis manos. Y entonces escuché su voz, suave, rota, arrastrada por el alcohol y el dolor:

-¿Por qué no puedo ser normal? ¿Por qué no puedo simplemente amarlo y dejar que él me ame? ¿Por qué todo tiene que estar manchado de sangre y de culpa?

Esas palabras me partieron por dentro. Quería gritarle que yo también quería eso. Que no había un solo día en que no deseara que todo fuera sencillo, que no hubiera pasado, que no hubiera enemigos, que no hubiera mentiras. Que solo éramos ella y yo, y el amor que nos teníamos. Pero no podía decírselo. No todavía. Así que di un paso hacia ella, saliendo de la sombra, sin hablar, sin presentarme, solo dejando que viera que estaba ahí.

Se giró lentamente, con los ojos empañados, confundida, y preguntó con una voz que me destrozó:

-¿Dante? ¿Eres tú?

Quise decir que sí. Quise decirle que era yo, que siempre fui yo, que la amaba más que a mi propia vida. Pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta. Si le decía quién era en ese momento, si le decía la verdad y ella me rechazaba... no lo soportaría. Y si Rodrigo estaba escuchando, vigilando... entonces la pondría en peligro aún mayor. Así que me quedé callado, y solo levanté la mano para acariciarle la mejilla, con la suavidad que se le da a algo sagrado, algo que se puede romper con un solo movimiento brusco.

Cerró los ojos al tacto, y vi cómo una lágrima se le escapaba y recorría su piel. Y entonces me pidió, casi en un susurro, tan bajo que apenas pude oírlo:

-Bésame. Por favor... bésame y haz que deje de doler.

No pude negarme. No había fuerza en el mundo que pudiera haberme alejado de ella en ese instante. Me incliné y la besé, despacio, con todo lo que llevaba dentro: el amor, el dolor, el miedo, la desesperación, la certeza de que era ella y siempre sería ella. Fue un beso que no buscaba nada más que consuelo, que buscaba detener el tiempo, que buscaba borrar todo lo que nos separaba. Y ella respondió. Se acercó más a mí, rodeándome con sus brazos, como si yo fuera su refugio, como si en mis brazos encontrara lo que había estado buscando toda su vida. Eso me dio el valor para seguir. Para entrar con ella a la habitación. Para dejar que el mundo se desvaneciera y solo quedáramos nosotros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.