Venganza y Pasión

El peso de la verdad

Capítulo 17

Me quedé largo rato con el anillo en la mano, sin saber qué pensar, sin poder apartar la vista de él. Era de plata, sencillo, con una pequeña piedra oscura en el centro que brillaba apenas con la luz de la mañana. No era mío. Nunca lo había visto. Y sin embargo... al sostenerlo, sentí algo que no era miedo ni confusión. Era reconocimiento. Como si mi piel lo recordara antes que mi mente. Como si hubiera estado en mi mano antes, en otro tiempo, en otra vida.

Me senté en el borde de la cama, con el anillo aún entre mis dedos, y miré a mi alrededor. La habitación estaba en silencio. Las sábanas aún estaban desordenadas, calientes aún a un lado, como si él se hubiera ido apenas unos minutos antes. En la mesa de noche estaba el trozo de papel que había dejado, con su letra clara, firme, esa letra que conocía bien y que hasta ayer solo había visto como la prueba de su culpa. "Te amé cada segundo de esa noche. Te amé antes, te amo ahora y te amaré siempre. Pero todavía no puedo decirte quién soy. Pronto. Te lo prometo. Solo... espera por mí."

Leí las palabras una y otra vez, hasta que los ojos se me llenaron de lágrimas que no sabía de dónde venían. Si era mentira... ¿por qué dolía tanto? Si todo era una farsa... ¿por qué cada palabra resonaba con tanta verdad dentro de mí? Cerré los ojos y traté de recordar. La noche anterior, el balcón, el beso, la oscuridad, las manos que me tocaron con tanta ternura, como si supieran cada parte de mí, como si me hubieran amado mil veces antes... ¿Podría fingirse eso? ¿Podría alguien aprender de memoria los gestos exactos, la forma en que me gusta que me toquen el cabello, la pausa antes de besarme, el modo en que me susurró al oído mi nombre completo cuando creyó que yo estaba dormida? No. Eso no se aprende. No se finge. Eso solo lo sabe quien ha estado observándome desde lejos, quien me ha amado en silencio mucho tiempo antes de atreverse a tocarme.

Me puse de pie de un salto, el anillo aún apretado en mi mano, y caminé hacia el espejo. Me miré. No era la misma de ayer. Tenía los ojos hinchados, la piel encendida, el cabello revuelto... y en el cuello, justo donde la curva del hombro empieza, había una marca suave, oscura, reciente. Me llevé la mano a la boca para ahogar un grito. No era un sueño. No era la imaginación. Fue real. Él estuvo aquí. Me amó. Y se fue sin decirme quién era. Pero dejó el anillo. Dejó la nota. Dejó pruebas que no podía negar.

¿Por qué? ¿Por qué no se quedó? ¿Por qué no me dijo la verdad en la cara? ¿Qué lo obligaba a esconderse incluso cuando yo estaba borracha, rota, lista para escucharlo? Y entonces, como un golpe frío en el estómago, recordé lo que me había dicho al otro lado de la puerta, antes de encerrarme. "Hay alguien más en esta historia. Alguien que nos está usando a los dos. Que nos quiere destruir el uno al otro para quedarse con todo." ¿Sería eso? ¿Sería verdad? ¿Estaba Dante ocultándose no de mí, sino de esa otra persona? ¿Tenía miedo de que si se revelaba, si hablaba, ese alguien nos haría daño a los dos?

Toda la certeza que tenía ayer, esa seguridad fría y dura de que él era el culpable, se estaba desmoronando como arena entre mis dedos. Y con ella, mi plan. Mi venganza. Todo lo que había venido a hacer aquí. Si no era él... ¿quién era? ¿Quién destruyó a mi padre? ¿Quién nos había llevado a este punto?

Me vestí rápido, con ropa sencilla, sin pensar mucho, movida por una urgencia que no sabía explicar. Tenía que saber. Tenía que buscar. Tenía que encontrar la verdad antes de que fuera demasiado tarde. Salí de la habitación con cuidado, mirando a ambos lados del pasillo. Estaba vacío. El silencio de la casa me recibió de inmediato, pesado y expectante. Bajé las escaleras despacio, sin hacer ruido, sabiendo que en cualquier momento alguien podía aparecer, preguntarme qué hacía, mirarme con esos ojos que parecían saberlo todo.

Llegué al estudio. La puerta estaba entreabierta. El corazón se me aceleró. Si él estaba ahí... ¿qué le diría? ¿Le preguntaría por el anillo? ¿Le pediría que me explicara la nota? ¿O me callaría y observaría? Empujé la puerta despacio. Estaba vacío. Nadie. Pero el escritorio no estaba limpio. Había papeles esparcidos, carpetas abiertas, un bolígrafo aún sobre un documento. Se había ido hace poco. Quizás minutos. Como si se hubiera marchado apresurado, sin tiempo de ordenar.

Entré y cerré la puerta tras de mí con suavidad. Me acerqué al escritorio, con las manos temblando levemente, y miré los papeles. Eran documentos, contratos, transferencias bancarias, fechas, nombres... muchos nombres que no conocía, pero uno aparecía una y otra vez, subrayado en rojo, anotado con comentarios breves y secos: Rodrigo Varela.

El nombre me sonó familiar. Alguien que llevaba mucho tiempo en la vida de Dante. Su tío, me recordé. El hombre que lo crió. Su socio más cercano. ¿Por qué su nombre aparecía tantas veces aquí? ¿Por qué Dante lo marcaba así? Empecé a leer, con el corazón latiéndome cada vez más fuerte, con la respiración entrecortada. Los documentos no mintieron. Mostraban movimientos de dinero que no coincidían con los negocios legales. Empresas que existían solo en papel, que recibían grandes sumas de dinero y desaparecían poco después. Fechas que coincidían exactamente con la caída de la empresa de mi padre. Y en cada una de ellas, el nombre de Rodrigo aparecía como fundador, socio, beneficiario.

Me senté en la silla del escritorio, sintiendo cómo el mundo se me daba vueltas. No era Dante. Nunca lo fue. Él había estado investigando. Había estado recopilando pruebas. Había estado buscando la verdad igual que yo. Y la nota que encontré... la había escrito cuando era joven, cuando su tío lo obligó a elegir entre obedecer o perderlo todo. Cuando le dijo que si no ayudaba a destruir a mi padre, él me haría daño a mí. Dante lo escribió para protegerme. Para ganar tiempo. Para encontrar la verdad sin que yo saliera herida. Y yo... yo lo juzgué sin preguntar. Sin darle tiempo. Sin creerle ni un segundo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.