Venganza y Pasión

La noche de las sombras

Capítulo 19

La noche cayó sobre la ciudad como un manto pesado, oscuro y silencioso, pero dentro de mí no había nada de silencio. Mi mente no dejaba de correr, repasando una y otra vez cada paso del plan, cada detalle que Dante me había explicado, cada señal que habíamos acordado. A mi lado, él dormía con la calma de quien ha tomado una decisión y no se arrepiente, su respiración suave y rítmica, una mano sobre mi cintura como si incluso en sueños quisiera asegurarse de que estaba ahí, de que no me había ido. Lo observé largo rato, admirando la paz que a veces lograba proyectar, esa máscara de frialdad y control que todo el mundo conocía, pero que yo ya sabía que escondía un corazón lleno de amor, de miedos, de esperanzas. Me acerqué y besé suavemente su frente, agradeciendo en silencio por cada momento que habíamos compartido, por cada verdad que nos habíamos dicho, por el futuro que estábamos a punto de construir, aunque fuera a costa de arriesgarlo todo.

Me levanté despacio, sin hacer ruido, y me acerqué a la ventana. Afuera, la luna brillaba débilmente entre las nubes, iluminando apenas los jardines de la mansión, los árboles que se mecían suavemente con el viento nocturno. Todo parecía tranquilo, inocente, como si no hubiera nada que temer. Pero yo sabía mejor. Sabía que en las sombras de esa ciudad, en las sombras de esa misma casa, acechaba un peligro que llevaba años creciendo, esperando el momento justo para destruirnos. Y hoy, nosotros iríamos a buscarlo. No podíamos esperar a que él nos atacara. Nosotros tomaríamos la delantera. Por primera vez en mucho tiempo, no seríamos nosotros los que huíamos. Seríamos nosotros los que cazábamos.

-No duermes -dijo una voz suave a mis espaldas, y sentí sus brazos rodearme la cintura, su pecho pegado a mi espalda, su barbilla apoyada en mi hombro-. ¿Estás pensando en lo de esta noche?

Me giré entre sus brazos y lo miré a los ojos, viendo en ellos la misma determinación que sentía yo, pero también el mismo miedo silencioso, el miedo de perderme, de que algo saliera mal.

-No puedo dejar de pensar -admití, acariciándole el brazo-. En todo lo que puede pasar. En todo lo que está en juego. Pero también... en que por fin, después de tanto tiempo, vamos a hacer lo correcto. Vamos a poner fin a todo esto.

-Lo haremos -dijo con firmeza, tomándome la mano y apretándola con fuerza-. Pero escúchame bien, Valeria: no eres obligada a venir. Puedo ir yo solo, tú te quedas aquí, segura, esperándome. Si algo sale mal, si me descubren... al menos tú estarás a salvo. Eso es lo único que me importa.

Sacudí la cabeza con decisión, sin dudar ni un segundo.

-No vuelvas a decir eso -le pedí, mirándolo fijamente-. No vamos a empezar a separarnos ahora, cuando más cerca estamos. Esto es de los dos, Dante. Mi familia, mi pasado, mi futuro... todo está atado a esto. Y tú también. No te voy a dejar ir solo. No voy a quedarme aquí esperando sin saber qué pasa, sin poder ayudarte. Vamos juntos, o no vamos. Y ya decidimos que vamos. Así que no intentes dejarme atrás. No lo permitiré.

Me miró largo rato, viendo que no cambiaría de opinión, que mi decisión era tan firme como la suya. Entonces asintió despacio, con una media sonrisa llena de orgullo y cariño.

-Así te quiero -susurró, besándome suavemente-. Firme, valiente, decidida. La mujer que se atrevió a enfrentarme cuando todo el mundo me temía. ¿Cómo podría haber esperado menos de ti? Está bien. Vamos juntos. Y nos cuidamos el uno al otro. Pase lo que pase.

Pasamos las horas siguientes preparándonos, sin prisa pero sin pausa. Elegimos ropa oscura, cómoda, que no llamara la atención. Revisamos cada detalle del plan una vez más, memorizando cada camino, cada salida de emergencia, cada señal. Dante me explicó cómo desactivar las alarmas, dónde estaban las cámaras y cómo evitar ser vistas por ellas, cuándo cambiaban los guardias y cuánto tiempo tendríamos antes de que se dieran cuenta de que algo no estaba bien. Me dio un pequeño dispositivo que cabía en la palma de la mano, con un botón rojo en el centro.

-Si algo sale mal, si ves a alguien, si escuchas algo raro... presiona esto -me dijo, poniéndomelo en la mano y cerrándome los dedos sobre él-. Hará sonar una alarma en mi teléfono y saldré corriendo hacia ti de inmediato. No importa dónde esté, no importa qué esté haciendo. Ven por ti. Y si tienes que huir, si no puedes esperarme... vas al coche, arrancas y te vas al lugar que acordamos. No mires atrás. No esperes. Solo vete. Prométemelo.

-Te lo prometo -dije, guardando el dispositivo con cuidado en el bolsillo de mi chaqueta-. Pero tú también. Si yo no llego, si te quedas atrapado... no te quedes esperándome. Huye. Por favor. No me pidas que viva sin ti.

Me abrazó con fuerza, como si quisiera grabar mi calor, mi olor, mi presencia en su memoria para siempre.

-No vamos a perdernos -dijo contra mi cabello-. No después de todo lo que pasamos. No vamos a dejar que nada nos separe. Ni él, ni el destino, ni la muerte misma. Volveremos aquí, juntos, y cuando amanezca, todo habrá terminado. Seremos libres.

Cuando el reloj marcó la una de la madrugada, nos miramos el uno al otro, asintiendo en silencio. Era el momento. Salimos de la habitación con cuidado, caminando despacio por el pasillo oscuro, bajando las escaleras sin hacer el menor ruido. La casa estaba en silencio, sumida en una calma engañosa. Nadie nos vio. Nadie supo que nos íbamos. Salimos por la puerta trasera, la que daba directamente al jardín y al camino de tierra que rodeaba la propiedad, y caminamos hasta el coche que Dante había dejado estacionado entre los árboles, lejos de las luces, lejos de cualquier mirada.

El trayecto fue silencioso. Condujo con cuidado, sin prisa, manteniéndose dentro de los límites de velocidad, como si fuera alguien que simplemente regresa a casa a esa hora. Yo miraba por la ventana, viendo cómo las calles de la ciudad pasaban borrosas bajo la luz de las farolas, pensando en todo lo que estaba por venir. En menos de una hora, estaríamos en la casa de Rodrigo. En menos de una hora, todo podría cambiar para siempre.




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