No puedo creerlo. Es Min Yoongi. ¿Qué hace él acá?
—Seok Jin ahora está en su habitación —dice, sin levantar la vista del celular. Voz baja. Ojeras. _Preocupado de verdad._
Si Yoongi está aquí y voy a cuidar de Jin, eso quiere decir que… _esta es la casa de BTS._
¡Esperen! Si cuido a Jin lo podría matar. No puedo ni tocarlo. ¡Ay, no! ¿Qué hago? ¿Debería renunciar? No, esa no es buena idea. Además, mi amigo Kang confía mucho en mí. ¿Qué pensaría si le digo que no puedo cuidar de un enfermo? ¡Yo puedo! No, no puedo. ¿Y si le cuento a Yoongi? No, creería que estoy loca de remate.
*Por el lado de Suga*
La única razón por la cual me quedé con Jin es porque soy el único que sabe su secreto. Solo necesitaba que los chicos se fueran para que él se recupere. Basta con que lo exponga a los rayos de la luna esta noche. Su madre me matará por no haber hecho esto antes. En estos días la luna mengua, y es porque Jin está enfermo.
La historia de Jin no es trágica. Es un pacto.
Su madre, Kim Hana, era astrónoma. Amaba el cielo más que a la gente. Pasaba las noches en el observatorio de Namsan. Una noche de luna llena, habló sola: _“Quisiera entender la soledad de la Luna. Siempre brillante, siempre sola”._
Y la Luna bajó.
_“Te daré un hijo que llevará mi luz, para que nunca estés sola”_ —le dijo—. _“Pero él será mío también. Mitad humano, mitad noche. Cuando él sufra, yo menguaré. Cuando él ría, yo estaré llena”._
Hana aceptó. Nueve meses después nació Jin. Ojos grises. Piel pálida. Sin padre humano. Hana murió de neumonía cuando Jin tenía 10. Desde entonces, la Luna lo crió. Con rayos en invierno. Con mareas altas cuando tenía pesadillas. Con luna llena cada vez que él subía a un escenario y era feliz.
Jin odia que lo cuiden. Porque después de su madre, solo la Luna lo hizo. Hasta hoy.
En cuanto a mí, soy su primo. No de sangre. Soy “Hijo de Luna Nueva”. Él es “Hijo de Luna Llena”. Distintas fases, misma madre. Le juré a ella: _Cuidar de él._
*De vuelta con Anthe*
Respiro. _Jin es hijo de la Luna. Yo estoy castigada en Venus. Los dos, marcados por astros, exiliados en la Tierra._
Por eso la marca. Por eso me curé al tocarlo. Por eso él enfermó al tocarme. _Venus y Luna. Ciclo activo. Energía desbalanceada._ 1200 años sin contacto celestial me dejaron vacía. Él estaba lleno de luz. Al tocarlo, le robé sin querer.
Yoongi levanta la vista por fin. Me analiza.
—Tú no eres enfermera —dice, plano. No pregunta. Afirma.
—No —admito. 1200 años mintiendo, y con él no puedo—. Pero sé lo que le pasa a Jin.
—Imposible. Nadie lo sabe. Solo yo.
—Y la Luna —le enseño mi muñeca. La marca brilla—. Y Venus.
Yoongi se pone de pie de golpe. _Alerta. Como gato._
—¿Quién eres?
—Anthe —doy un paso al frente—. Luna de Saturno. Castigada en la Tierra. Y la única que puede curar a tu primo sin matarlo… si me dejas tocarlo otra vez.
Se hace silencio. Solo se oye la respiración agitada de Jin desde la habitación.
—Su madre me pidió que no dejara que nadie lo tocara —Yoongi baja la voz—. Los humanos lo drenan. Los celestiales… lo desequilibran.
—No soy solo “celestial” —lo corto—. Soy la única razón por la que hoy hay luna invisible. Porque él me tocó. Y yo lo toqué. _Venus le robó luz a la Luna. Ahora tengo que devolverla._
Yoongi me mira 3 segundos. Luego se hace a un lado.
—La habitación del fondo. Tiene balcón. Hoy no hay luna, pero el cielo está despejado. _Si de verdad eres de Venus, entonces sabes que ella solo se ve al amanecer. Quizás alcances a su madre._
Entro. Jin está en la cama. Ardiendo. Murmurando.
—Venus… —dice, sin abrir los ojos—. Venus, mi amor…
Se me corta el aire. _Él no me conoce. Pero la Luna sí. Y le susurró mi nombre._
Me siento en la orilla. Tomo su mano. La marca quema.
Y esta vez, en lugar de robarle, _empujo_. Devuelvo la luz que tomé en el baño. La fiebre baja. Afuera, en el cielo sin luna, una estrella brilla más fuerte.
_Venus. Al amanecer._