—Anthe, yo cuidaré a Jin. Tú solo harás la comida. Yo me encargaré de lo demás —Yoongi no lo dijo como sugerencia. Fue orden.
Terminé aceptando esa propuesta. _Ya que no planeo acercarme a él por nada del mundo._ Tocar a Jin me estabiliza, pero a él lo apaga. Y la última vez casi nos quedamos sin Luna.
*Por el lado de Suga*
_Realmente creí que sería difícil convencer a Anthe, pero aceptó de inmediato. Además no creo que la necesitemos más._
Me dirijo a la habitación de Seok. Hoy habrá luna llena. Él estará mejor pronto. Solo tengo que mantenerla lejos hasta que recupere su luz. Le prometí a su madre: _Cuidar de él._ Y las chicas de Venus siempre traen caos.
*De vuelta con Anthe*
Qué aburrida estoy. Tengo que estar aquí hasta las diez de la noche. No hay nada divertido en esta casa. Apuesto a que Suga está durmiendo. Ni los benditos zumbidos de un mosquito se escuchan. Los minutos parecen horas.
Yoongi está encerrado con Jin. Jin no se puede ni parar. Así que me daré un auto recorrido por esta casa. Veamos qué encuentro.
Solo hay pasillos y más pasillos. Puertas tras puertas. Un estudio. Un lugar para que practiquen. Una pequeña biblioteca. Nada fuera de lo normal.
Pero algo logra llamar mi atención. Es una pintura.
Me acerco. Óleo sobre lienzo. Un cerezo en flor. Y en la esquina inferior, un sello real que conozco.
Me parece haberla visto antes. Hace muchos, pero muchos años. Incluso ese sello me parece familiar.
Creo que recordé algo...
*Flashback*
_Me gusta la primavera, ella me ofrece flores de cerezo;_
_son pequeñas y duran muy poco,_
_pero lo poco que duran es más que suficiente_
_para llenar mi corazón de alegría._
_Son flores que me recuerdan a una amiga,_
_la mejor amiga que tengo;_
_ella es igual a la flor del cerezo._
_Ella es linda y pequeña, siempre tiene una sonrisa en el rostro._
_Anthe, mi primavera..._
*Fin de Flashback*
Los recuerdos me dan nostalgia. Y aún más recordar a Ryek. Él fue uno de mis mejores amigos. Y fue un gran Rey. Siempre justo y muy alegre. Incluso era apuesto cuando se enojaba. Fue un buen padre y esposo.
Antes de su muerte le prometí algo. Y lo cumpliré, Jeon Ryek.
_“Si algún día encuentras a mi descendiente, protégelo como no pude proteger a mi reino”._
—¿Qué haces aquí? —la voz de Yoongi me saca del trance. Está en el marco de la puerta del estudio. Ojos entrecerrados. Desconfianza pura.
Señalo la pintura sin voltear. La voz me sale ronca, de hace 230 años.
—Esta pintura es de la Dinastía de Goryeo tardía. El sello es del Rey Jeon Ryek. Murió en 1392. Yo estuve en su funeral.
Silencio.
Yoongi da un paso adentro.
—¿Cómo sabes eso? —su voz ya no es de idol. Es de guardián—. Esa pintura no está en ningún museo. Es herencia familiar. De la familia de…
—…de Kim Seok Jin —completo—. Hijo de la Luna. Y descendiente directo de Jeon Ryek por línea materna.
Ahora el que se queda pálido es él.
—Tú —susurra—. Tú eres la “Anthe” de sus poemas. La extranjera que el Rey llamaba _su primavera_.
Dejo escapar el aire que contuve 6 siglos.
—Le juré a Ryek que cuidaría de su linaje. No sabía que la Luna me lo pondría en el baño de un estadio 630 años después.
Yoongi mira la marca en mi muñeca. Luego mira hacia la habitación de Jin.
—La luna llena es en 2 horas —dice al fin—. Si de verdad lo quieres proteger… vas a tener que romper tu promesa de no acercarte. Porque esta noche, Jin no necesita una enfermera.
_Necesita a Venus. Para que la Luna no se apague._