Venus Mi Amor

08- El Sol Y Venus

La verdad conversamos hasta las tres de la mañana. Después de todo, para personas como nosotros no es necesario dormir. Por lo general solo lo hacemos para que nadie sospeche.

Ahora estoy regresando a casa. Al parecer Stella se olvidó que existo. No quiero caminar o tomar un taxi. Así que simplemente entro a un callejón y toco la pared para luego aparecer en mi departamento.

Al no ser humana tiene ventajas. Por ejemplo, puedo teletransportarme, aunque no lo hago seguido. _Deja rastro. Y el rastro atrae cosas peores que ARMYs._

Aún no asimilo bien lo que pasó. No puedo creer que él tampoco sea humano. Y mucho menos que sea el hijo de la Luna. La verdad, yo tuve la oportunidad de hablar con su madre humana hace mucho tiempo. Fuimos compañeras en octavo grado. Kim Hana. Era muy linda.

Lùa no es de conceder deseos. Supongo que vio el sufrimiento de aquella mujer y rompió sus reglas. _Como mi madre rompió las suyas conmigo._

El sol apareció por mi balcón, alumbrando mis ojos con su destello, lo cual hizo que cerrara los ojos. Y al abrirlos, allí está él.

—¿Cómo has estado? —dice mirando al suelo, como si le diera pena el brillo que siempre trae.

—¿Kang Min-hyuk? —digo de forma dudosa, pues no podía ver claramente.

—Sí, pequeña.

—¡Kang! —corro a abrazarlo.

Min-hyuk es mi mejor amigo desde la infancia. Tenemos la misma edad, aunque siempre que aparece frente a mí me quiere dejar ciega. Se olvida que es hijo del Sol y siempre aparece en mi balcón haciendo que penetren los rayos en mis ojos. Ya le dije mil veces que no me haga esto, pero a él le encanta hacerme sufrir.

Es mi hermano. Lo adoro mucho, aunque a veces sea un poquito celoso.

Kang es mi hermano, por eso a él no le gusta que me acerque a otros chicos. Se podría decir que le gusta toda la atención para él.

*Flashback*

La vida de la pequeña Anthe peligraba. Sus padres no sabían qué hacer al respecto. Así que el Rey Dante mandó a llamar a todos los sabios de Venus y Saturno para que dijeran cuál sería el destino de la pequeña.

—Su Majestad, la princesa Anthe no vivirá si se queda aquí en Venus.

A lo cual el rey responde que la enviará a Saturno.

—Su Majestad, ella no vivirá ni en Venus ni en Saturno —dijo el Sabio Mayor—. Debido a las promesas hechas por la Reina Alessandra, ella debe vivir en el planeta Tierra o si no morirá.

Los sabios de Venus como los de Saturno decidieron que la mejor opción sería enviar a la pequeña al planeta Tierra. Al rey le atormentaba el hecho de separarse de su hija. Pero si ella se quedaba en Venus, la perdería para siempre.

Aquella noticia llegó al reino del Rey Woo. Su hijo pequeño, el que más amaba, era hijo de una mujer humana, la cual murió al nacer el pequeño. El niño no podría vivir con él, pues al ser su madre humana, no sobreviviría en el Sol hasta alcanzar cierta edad.

El padre de la pequeña Anthe como el padre del pequeño Min-hyuk enviaron a sus bebés al planeta Tierra, concediendo así que una joven que deseaba ser madre cuidara de sus pequeños.

Aquella joven era estéril. Vivía a la orilla del mar. Un día estaba sentada observando la puesta del sol. De repente, oyó un llanto tras sí. Provenía de una gran caracola depositada en la arena. La joven mujer la recogió, miró en su interior y allí vio a un niño y una niña muy pequeños que lloraban desconsoladamente.

Ella llevó a los pequeños a casa y los crió como si fueran sus hijos. Al crecer, el rostro del muchacho fue adquiriendo un tono dorado. Y el rostro de la muchacha era deslumbrante, y cuando se sentaba en la playa, mirando hacia el mar, todo se serenaba y unas extrañas luces resplandecían en la superficie del agua.

Un día el joven le dijo a su madre: _Soy el hijo del Sol. Ahora debo irme y abandonar esta isla para siempre. Pero me apareceré a menudo ante ustedes, al oeste del cielo, cuando el sol cae sobre el horizonte. Cuando el cielo y el mar del atardecer tengan el color dorado de mi rostro, sabrán que al día siguiente el tiempo será bueno y no habrá viento ni tormenta._ Min se fue, dejando a su madre, a su padre… y a Anthe.

Entonces, antes del anochecer, aparece él y cielo y mar se cubren de una luz dorada. Y la gente en la Tierra sabe que no habrá viento al día siguiente y que el tiempo será bueno. Tal como lo prometió el hijo del Sol un día a su madre.

*Fin de Flashback*

En cuanto a mí, cuidé de mis padres humanos hasta que ellos murieron.

—Hoy —Kang me revuelve el pelo, ya con la luz menos intensa— tú y yo iremos a aquella isla donde aparecimos por primera vez.

Lo miro. 1200 años y sigue leyendo mis silencios.

—¿Lo sabes, verdad? —pregunto bajito.

—Que tocaste a un Hijo de la Luna y no moriste —se cruza de brazos. Celoso. Protector—. Lo sabe todo el cielo, Anthe. Venus brilló más que nunca al amanecer. Y la Luna… no menguó.

—Kang, él es diferente.

—No —me corta, pero me abraza—. _Tú_ eres diferente desde que lo tocaste. Y si el Sol y la Luna se pelearon una vez por la Tierra… no quiero imaginar qué pasa si Venus se mete.

Me aparto y le doy un golpe en el brazo.

—No seas dramático. Solo lo estabilicé.

—Ajá —pone los ojos en blanco—. Por eso Lùa me mandó un eclipse solar de advertencia hace 2 horas. Dice “alejala de mi hijo”.

Se me hiela la sangre. _La Luna sabe de mí. Y no está feliz._

—Entonces es bueno que vayamos a la isla —digo, recuperando la sonrisa—. Si los padres se van a pelear, los hijos nos escondemos.

Kang suspira. Me toma de la mano. Y el departamento se llena de luz.

Cuando abro los ojos, la arena me quema los pies. El mar está en calma. Y al oeste, el cielo empieza a teñirse dorado.

Nuestra isla. Donde dos bebés celestiales lloraron en una caracola.

Y donde, quizás, una princesa de Venus y un príncipe de la Luna puedan existir sin que el cielo se rompa.

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En el texto hay: romance, kim seok jin bts

Editado: 06.05.2026

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