El Nacimiento de la Conciencia: Del Pre-Inconsciente al Inconsciente
Con el nacimiento, el entorno del niño se experimenta inicialmente en un estado pre-inconsciente, filtrado a través de un cerebro en desarrollo. La ciencia ha demostrado que la visión del recién nacido es significativamente limitada: su agudeza visual es baja (aproximadamente 20/400), lo que significa que solo puede ver objetos grandes y cercanos con claridad. Además, su capacidad para distinguir colores es limitada, predominando la percepción de contrastes fuertes. En cuanto al oído, si bien es funcional desde el nacimiento, la discriminación de sonidos es imperfecta. El recién nacido es más sensible a los sonidos de alta frecuencia y tiene dificultades para localizar la fuente de los sonidos con precisión. Esta inmadurez sensorial implica que la información que recibe del mundo es fragmentada y poco definida, lo que dificulta la creación de representaciones mentales coherentes, pero sin una base de datos primaria con la cual comparar, todo es nuevo. Por lo tanto, toda información desde el nacimiento del sujeto se pierde casi de inmediato, dejando lugar a los sentidos principales del cuerpo que bombardean el cerebro: tacto, gusto, temperatura, placer y displacer. A medida que las interacciones se repiten, van quedando en la psique del sujeto (olor, figura, sonido, placer y displacer), y comienzan las asociaciones con el mundo externo e interno, dando así una pseudo paridad entre placer y displacer.
EL cerebro recibe información:
Del tacto (el órgano, piel): textura (suave, áspera, lisa, rugosa), temperatura (frío, calor, tibio), presión (fuerte, suave, cosquilleo), dolor (punzante, sordo, quemazón), vibración y posición (propiocepción). Esta información táctil es crucial para la exploración del entorno, el desarrollo del apego y la regulación emocional.
Por medio de los ojos: colores (rojo, verde, azul, etc., y sus combinaciones), formas (círculos, cuadrados, triángulos, etc.), patrones (simétricos, asimétricos, repetitivos), profundidad (cercano, lejano, tridimensional), movimiento (rápido, lento, dirección), brillo y contraste. La visión nos permite identificar objetos, orientarnos en el espacio y percibir la belleza del mundo que nos rodea.
Por medio del oído: sonido (agudo, grave, fuerte, suave), compases (ritmos regulares), tiempo (duración de los sonidos), melodía (secuencia de notas), timbre (cualidad distintiva de cada sonido), ubicación (de dónde proviene el sonido) y lenguaje (palabras, entonación, significado). El oído nos permite comunicarnos, disfrutar de la música y estar alerta a los peligros.
Por medio del olfato: tipos de olores (fragante, fétido, dulce, amargo, floral, frutal, químico), intensidad (fuerte, débil), persistencia (cuánto dura el olor) y asociaciones (recuerdos, emociones). El olfato nos permite detectar peligros (como el humo), disfrutar de la comida y evocar recuerdos.
Por medio del gusto: sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo, umami), intensidad (fuerte, débil), textura (cremosa, crujiente, líquida), temperatura (caliente, frío) y asociaciones (recuerdos, emociones). El gusto nos permite disfrutar de la comida y obtener nutrientes esenciales.
También de forma interna: hambre y dolor muscular. La mayoría de los órganos tienen conexión directa con el cerebro, y la información se interpreta como placer o displacer.
En este pre-inconsciente, toda esa información desordenada comienza, por repetición, a tener un lugar en concreto o, en su debido caso, a representar algo. Como toda información en el cerebro son impulsos eléctricos guardados en las neuronas con un patrón específico, el cerebro recibe estos estímulos/información constantemente en forma de impulsos eléctricos, lo cual, a su vez, mantiene viejos patrones neuronales (llámese recuerdos, sensaciones) en vida, trabajando de forma inconsciente en segundo plano.
Por último, un displacer conocido (inconsciente) encuentra su ruta al placer. Un ejemplo simple: el hambre, que en un recién nacido es un constante llamamiento del estómago al cerebro para ser complacido. A la larga, se transforma en displacer, que luego se transforma en llanto (un mecanismo natural ante tanta confusión de sentidos; el llanto busca aliviar el displacer). Este llanto luego es reconocido por la madre, que busca aliviar al niño probando, por experiencia propia, diferentes enfoques, utilizando sus recuerdos y sus sensaciones: intentando dormirlo, protegerlo del frío, revisando el pañal, sacándolo de su posición para mecerlo, hasta dar con la alimentación. Esto genera que el estómago deje de mandar señales de hambre, y esta ausencia de displacer genera un alivio en el recién nacido, el cual toma luego como placer. En la continua repetición de este ciclo, nace la ruta: hambre, llorar, alimentarse, dando de esta manera conocimiento de displacer/placer, generando por sí mismo al Yo/Conciencia del recién nacido, que es capaz de reconocer, por medio de recuerdos de ciclos anteriores, las causas del displacer y, por ende, generar estrategias para el placer .
Este Yo/Conciencia, que nace en el recién nacido por sucesión de displacer/placer, convierte la pre-inconsciencia en inconsciencia, donde el Yo/Conciencia ocupa un lugar central en el niño.
Imaginemos un faro en una isla en medio del océano, donde el faro es el Yo, y la luz que barre el océano es la consciencia. Este Yo mira con la conciencia su inconsciencia, como quien mira el pasado para lograr ver patrones (llámese introspección), y de esa manera va fijando en el mar asociaciones más conscientes de todos los estímulos que ingresan a su mente, en el inconsciente, que ya dijimos que todo se mantiene latente mediante energía a diferente Hz, proporcionada por el cuerpo para poder mantener una base de datos al alcance del Yo/Conciencia. A medida que el recién nacido sea capaz de utilizar esta información de forma adecuada y realizando introspecciones, logrará ganar terreno en el inconsciente por medio del grosor de la luz del faro, y de esta manera generar una mayor inteligencia por el hecho de abarcar más espacio de vista en el inconsciente (lo cual genera una mayor comprensión del propio ser y un mejor desempeño en la vida). A medida que el recién nacido va creciendo y aprendiendo a caminar y jugar, comunicarse le es más fácil, generar placer, reconociendo las mínimas señales del displacer y, por medio de la constancia, generar una costumbre (hábitos) con el horario de alimentación. Con el conocimiento que va adquiriendo, genera que deba dormir seguido para el desarrollo y la aceptación de la información, ya que esto produce un cansancio en el Yo por intentar comprender todo el nuevo mundo a su alrededor. Para poder soportar el nuevo mundo, el recién nacido comienza a intentar implementar ciertas estrategias para mantener un leve displacer de la adquisición del displacer y la complacencia hacia los terceros (padre/cuidadores), con lo cual comienzan a nacer los primeros Perfiles de Acción (P.A.), los cuales, a priori, se encargan de generar placer por medio de intentar captar el menor displacer (como puede ser disociar), entrando en trances donde solo queda realizando actividades de bajos recursos para la consciencia (jugar de forma monótona, recorrer el hogar, ver videos).