Voluntad
La voluntad es una fuerza intrínseca e inagotable, inherente a la psique humana, que reside como un potencial ilimitado a la espera de ser activado. A diferencia de un recurso finito, la voluntad se manifiesta como una fuente constante de energía, disponible para ser empleada en la consecución de metas y objetivos. Sin embargo, su aprovechamiento no es automático ni irrestricto.
El ego, en su función de estratega y ejecutor, busca canalizar esta fuerza volitiva hacia la realización de sus propósitos. No obstante, la cantidad de voluntad que el ego puede efectivamente utilizar está directamente condicionada por las capacidades del individuo. Estas capacidades, que abarcan tanto la resistencia física como la fortaleza mental, actúan como un filtro que limita el flujo de la voluntad hacia la acción.
En este sentido, el entrenamiento físico y mental se convierte en un factor crucial para expandir la capacidad de "ocupar" la voluntad. A través del desarrollo de la resistencia, la disciplina y la inteligencia emocional, el individuo puede superar las barreras que limitan su acceso a esta fuente inagotable de energía, permitiendo que el ego despliegue todo su potencial en la consecución de sus fines.
La palabra 'voluntad' proviene del latín voluntas, que significa 'deseo', 'intención' o 'propósito'.
El agotamiento físico y mental, consecuencia de la inexperiencia en el uso efectivo de la voluntad, resalta la importancia de fortalecer la resiliencia del individuo, tanto a nivel físico como psicológico, para maximizar el rendimiento y lograr el éxito en la consecución de los Fines Últimos."
Es común escuchar a alguien decir 'me faltó voluntad' cuando no logra alcanzar una meta. Sin embargo, desde la perspectiva de V.E.R., esta afirmación simplifica una realidad mucho más compleja. La 'falta de voluntad' no es simplemente una carencia de esfuerzo o disciplina, sino más bien una señal de que existen obstáculos internos o externos que están impidiendo el flujo de nuestra energía volitiva. Estos obstáculos pueden ser carencias emocionales no resueltas, patrones de pensamiento limitantes, relaciones tóxicas o falta de recursos. En lugar de culparnos por 'falta de voluntad', es más útil explorar qué factores están bloqueando nuestro camino y buscar estrategias para superarlos
el cansancio del ego es la causa principal para truncar o dejar en pausa los fines últimos.
“Los colores no existen”
La realidad no tiene color propio
Decimos que "los colores no existen" porque el color no es una característica o propiedad propia del objeto que vemos. Lo que llamamos color es, en realidad, una construcción que nuestra mente crea al procesar la luz que rebota en ese objeto y llega a nuestros ojos. El objeto en sí mismo no tiene color; lo que tiene es una forma de absorber y reflejar ondas lumínicas. Es nuestra psique, nuestra forma de percibir, la que convierte esos datos físicos en la experiencia de "ver rojo", "azul" o cualquier tono. El color está en quien mira, no en lo mirado.
Lo mismo ocurre con los sentimientos
Este principio se aplica exactamente igual a lo que llamamos emociones, sentimientos o reacciones internas.
La situación externa —esa persona que consiguió algo que tú no, esa palabra que te dijeron, ese problema que ocurrió— es equivalente a la luz: es solo un estímulo, un hecho neutro, una realidad que está ahí fuera sin significado propio. El hecho en sí es simplemente: "otra persona obtuvo X cosa", o "sucedió tal evento". Eso es todo, nada más.
Sin embargo, el sentimiento que surge en ti —la envidia, los celos, la molestia, la rabia, la tristeza— no está en la situación misma. La situación no trae ni contiene la emoción; la emoción es algo que tú construyes al procesar ese estímulo externo.
Lo que convierte ese hecho neutro en una emoción dolorosa o intensa es todo lo que traes tú dentro de ti: tus carencias no resueltas, tus heridas emocionales pasadas, tus experiencias vividas y cómo te marcaron, tus fibras sensibles, esas zonas de tu ser que aún no han sanado, tus creencias y tu historia personal. Todo eso funciona como el filtro, el lente o el mecanismo que interpreta la "luz" de la realidad y la transforma en la emoción que sientes.
La prueba más clara de esto es que si esa misma situación le ocurriera a otra persona con una historia distinta, con otras heridas o con otras fibras sensibles, no sentiría lo mismo. Tal vez esa otra persona no sentiría nada, o sentiría admiración, o indiferencia, o alegría por el otro. Su "forma de ver la luz" es diferente, su mente construye una experiencia distinta, porque su interior es distinto.
El proceso completo: ¿Cómo se forma lo que sentimos?
Para comprender exactamente cómo ocurre todo este mecanismo, podemos describirlo paso a paso, como un recorrido que hace la información:
Situación externa → Ingresa en la conciencia → Se procesa en el inconsciente → Toca nuestras estructuras (traumas, carencias, historia, moral, valores y creencias, juicios y eticas, deseos, expectativas y exigencias, modelos y patrones aprendidos) → Rebotan → Se estereotizan o no, como sentimientos negativos o positivos.
Vamos a explicar cada paso de este recorrido:
Situación externa: Es el hecho real, lo que ocurre fuera de nosotros, neutro y sin significado propio. Es igual a la luz que viaja por el espacio.