Verdades Ocultas

• SIETE •

Ivy

El correo de la información de los mercados desapareció. Por más que lo busque en la papelera no aparece.

No tenía sentido. No podía haber desaparecido simplemente así. Pensé que quizás hubiera sido eliminado por algún error técnico, pero no había ningún indicio de un error en el sistema. Me pregunté si alguien más podría haber borrado el correo, pero no tenía motivos para creer que alguien quisiera hacerme una broma pesada.

El correo era demasiado importante para que alguien lo eliminara de broma. No entendía nada. Algo en mi interior me decía que era mejor que seguir indagando, por lo que decidí continuar buscando. Empecé a revisar mis archivos y carpetas en mi PC, con la esperanza de encontrar algún rastro del correo o de la información de los mercados.

Pero no encontré nada. Volví a darme cuenta de que no existía ninguna prueba de que el correo hubiera existido en primer lugar. De pronto, sentí que todo giraba alrededor de la esquina y comencé a sentir náuseas.

Me preguntaba si solo estaría perdiendo la cabeza y dejando que mi imaginación se saliera de control. Pero en lo profundo de mi interior, sabía que lo que había ocurrido era real. No podía creer lo que estaba experimentando, pero al mismo tiempo, sabía que no podía darme el lujo de desestimar lo que había pasado.

—No estoy loca. Esa información existió —, repetí para mis adentros.

Mi respiración se acelera, un nudo se forma en mi estómago y una sensación de pánico comienza a apoderarse de mí. ¿Cómo pude haber eliminado ese correo por error? Los documentos eran fundamentales para la investigación que estoy haciendo y sin ellos, todo mi trabajo se vendría abajo.

Mis manos tiemblan mientras intento recordar si hice alguna copia de seguridad en mi computadora. Cierro los ojos por un momento, tratando desesperadamente de recuperar la calma. Pero la ansiedad me consume, sintiendo como si el tiempo se estuviera agotando rápidamente.

El pensamiento de enfrentar las consecuencias de esta pérdida me paraliza. Los latidos de mi corazón retumban en mis oídos mientras lucho por mantener la compostura.

Apago todo y salgo de mi oficina y del edificio, pues ya acabó mi día de trabajo.

Apenas logro llegar a mi casa sin que el ataque avance a mayores, pero a lo que me siento en el sofá. No logro controlarlo como me enseñó mi psicóloga y simplemente colapso.

Dereck

Estoy preocupado. Ivy salió corriendo del edificio hace media hora y no se veía muy bien, estaba pálida.

Busco su expediente en el primer cajón de mi escritorio y anoto la dirección en mi libreta.

Salgo inmediatamente del edificio y conduzco lo más rápido que puedo hasta su apartamento. Llamo a su número, pero no obtengo respuesta.

—Contesta por favor.

Llego al complejo de apartamentos en el que ella se está hospedando y subo al quinto piso. Toco la puerta número 506, pero no me abre, por lo que giro la perilla y cede la puerta.

Al entrar, veo a Ivy desplomada en el sofá, con la cabeza entre las manos y sollozando desconsoladamente. Me acerco a ella con cuidado y me siento a su lado.

—Ivy, ¿qué pasa? ¿Qué sucedió? —le pregunto con suavidad, tratando de calmarla.

Ella levanta la cabeza y me mira con los ojos llenos de lágrimas.

—El correo... —tartamudea— desapareció. Y… no puedo encontrarlo en ninguna parte.

—¿Qué correo? —pregunto, tratando de entender.

—El correo con la información de los mercados —responde, secándose las lágrimas con la manga de su camisa.

Ivy empezó a respirar entrecortadamente de repente, parecía el aire se hubiera escapado de sus pulmones y no pudiera inhalar.

Se levantó del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, tratando de calmar su respiración.

Se dejó caer al suelo, envolviendo su cuerpo con los brazos y cerrando los ojos.

El ataque de pánico la consumía por completo, como una ola que la arrastraba hacia abajo. Se veía tan vulnerable, como si no tuviera control sobre su propio cuerpo.

Me acerco a ella tomando sus manos suavemente para enfocar su atención en mí.

—Tranquila, Liebling—, murmuré con ternura, buscando su mirada—. Estoy aquí contigo, todo pasará. Necesito que me mires a los ojos y comiences a inhalar y exhalar conmigo, ¿de acuerdo?

Asintió con esfuerzo, sus ojos encontrando los míos, buscando consuelo en mi mirada. Comenzamos a respirar juntos, siguiendo el ritmo lento y constante que marcaba. Con cada respiración, noté como se iba calmando lentamente. Ivy abrió los ojos, me miró y me dedico una leve sonrisa.

—Gracias, Dereck.

Sonreí con cariño, acariciando su rostro con ternura.

Después de un rato, Ivy se levantó del suelo y se sentó en el sofá, todavía un poco temblorosa pero más calmada. Me senté a su lado y le tomé la mano.

—Lo siento, Dereck —dijo, mirándome con ojos tristes—. No quería desmoronarme de esa manera.

—No tienes que disculparte, Ivy —le respondí— Estoy aquí para ayudarte. ¿Quieres hablar sobre lo que pasó?

Ella asintió y comenzó a explicarme todo sobre el correo desaparecido y su investigación. Mientras hablaba, pude ver la preocupación y la ansiedad en sus ojos.

—No entiendo qué pasó —dijo, frustrada—. Ese correo era crucial para mi investigación. Sin él, todo se viene abajo.

—No te preocupes, Ivy —le dije, apretando su mano—. Encontraremos una solución. Juntos.

Ella sonrió débilmente y me miró con gratitud.

—Gracias, Dereck —dijo—. Significa mucho para mí que estés aquí para mí.

Me sonreí y le acaricié el rostro.

—Siempre estaré aquí para ti, Liebling —le dije, sellando mis palabras con un suave beso en su frente—. No importa lo que pase.

En ese momento, supe que mi sentimiento por Ivy iba más allá de la amistad. Me importaba de verdad, y haría cualquier cosa para ayudarla y protegerla.

—Dereck, es muy tarde podrías quedarte acá a dormir, bueno si quieres.



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En el texto hay: romance, secretos, enemiestolovers

Editado: 29.01.2025

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