Verdades ocultas

9

 

Después de un largo día de trabajo, el detective se encontraba revisando varios expedientes parecidos a los de Belinda, aun no encontraba algún patrón que los uniera y eso le hacía estresarse.

—Bien detective Sand, espero que no se meta en ningún problema.

Su colega se encontraba recostado en el marco de la puerta, no pudo evitar dar su opinión al ver toda la pila de expedientes que tenía en el escritorio.

—¡Oh, Dog! para nada. Estoy tratando de resolver un caso extraño.

—¿El caso de la prima de Gina? —cuestionó—. No es muy convincente.

—Eso parece, pero hay algo que no me convence del todo, así que no parare hasta resolverlo.

—Si es lo que quieres.

Adam Sand vio cómo su compañero se alejaba de su oficina sin haber concluido la conversación.

Tal vez, pensaba, no era lo más conveniente en relación con los casos que tenía. Dog sabía perfectamente lo que había pasado con su esposa, estaba ahí cuando Adam la encontró llena de sangre; él le había ayudado en todo el proceso sin decir nada.

Brooke —pensó de inmediato. Al instante se imaginó la piel blanca y tersa de su esposa, la sonrisa que tanto le encantaba y que después de unos meses se esfumó con un tormento repentino. El tormento que la envolvió por completo arrebatándole la vida.

—Adam, ¿estás bien? —quiso saber su compañera al entrar—. Te veo algo distraído.

—Sí, solo estoy tratando de relajarme un poco, ¿tienes algo más?

Gina chasqueó la lengua disgustada.

—Nada, creó que estamos perdidos o mejor dicho estamos buscando algo que no existe. Y tu ¿ya has encontrado algo que los vincule?

Adam negó con la cabeza antes de proseguir.

—Al parecer todos se comportaban de forma extraña antes de morir. Así que todos indican que tenían una tendencia suicida.

—Un callejón sin salida —comentó la rubia.

Adam asintió, aunque realmente le disgustara la idea de no tener la razón. Siempre conseguía las pruebas muy rápido, pero esta ocasión era lo contrario; parecía estar demente al buscar pruebas en casos cerrados.

—Deberías descansar —dijo Gina al sentarse frente a él—. No hay nada que hacer, si algo los llevó a obrar de esa manera. —Negó con la cabeza—. Ya no podemos hacer nada para cambiarlo. Todo está hecho, solo debemos seguir el curso de la vida.

—¿Crees que eso se merece Belinda? —cuestionó a su compañera.

—No, Sand. —Gina lo llamaba por su apellido siempre que estaba enojada—. Pero no puedo hacer nada para que vuelva a la vida, para regresar en el tiempo y cambiarlo. Apenas era una niña y no se merecía eso, pero ya pasó.

La vio detenidamente antes de responder, los ojos profundos de su compañera le hacían pensar que tenía razón. No había nada más que hacer.

—Tienes razón —aceptó de golpe—. No hay nada más que podamos hacer. —Vio la pila de documentos en su mesa—. Tendrás que guardar todos los expedientes nuevamente.

Gina le dio una media sonrisa.

—No importa, aunque creo que lo haré mañana —se detuvo al ver que su compañero no comprendía—. Tengo que salir, te lo comente hace un par de noches.

Adam asintió, aunque realidad no recordaba el comentario de Gina, y como no se encontraba con ánimos de contradecirla la dejó ir sin más explicaciones.

Vio como su compañera se despedía de los demás y poco a poco se alejaba de la oficina. A veces su terquedad le hacía recordar a Brooke.

—Brooke —musitó nuevamente, pero está vez un poco más inquieto.

Negó con la cabeza tratando de desechar los recuerdos de la joven.

Y eso fue lo único que la bastó para comenzar a leer nuevamente los expedientes, sentía que Brooke le hacía dudar de su trabajo. A pesar de que ella siempre le decía que él trabajaba más de la cuenta.

***

Inició su lectura por quinta vez consecutiva, los ojos comenzaron a arderle. No había dormido nada y Dog le había insistido en ir a casa a descansar, sin duda se negó rotundamente hasta encontrar un indició.

Empero como era de esperarse no había encontrado nada que delatara alguna anomalía por parte de los suicidas. Habían matado sin más a sus compañeros y como un acto de arrepentimiento se habían quitado la vida.

No había cartas, ni manifiesto; no había nada que diera una idea de su tormento. Y cada vez más intriga se apoderaba de Adam.

Después de terminar de leer todos los expedientes, el detective con ánimos de seguir en su búsqueda, tomó nuevamente el primer folder para nuevamente leer, sin embargo, se recostó en su silla resignado a encontrar lo mismo que las últimas cinco veces.



#12097 en Thriller
#6925 en Misterio
#3580 en Detective

En el texto hay: thriller, thriller psicologico, suspense

Editado: 18.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.