Veridian Highs

IX.

Sangre. De verdad era sangre. Y estaba brotando de la pared.

"¿Por qué ha venido? ¿Qué quiere?", la voz, nuevamente.

Me giro al sentir que me toman por la espalda, es Beatriz, por fortuna.

Durante casi diez años he analizado casos criminales y desenmascarado delincuentes, en la vida me había tocado presenciar un suceso como este.

Rodeo a la joven, empujándola suavemente hacia la salida. Lo mejor sería interponer distancia con la habitación. Apenas logramos salir, cierro la puerta mientras el enorme charco carmesí sigue extendiéndose por todo el suelo alfombrado.

—¿Estás bien? —pregunto. Beatriz mantiene una mano sobre su pecho, parece estar hiperventilando—. Señorita, ¿se encuentra...?

Un grito desgarrador llega a romper con el silencio del lugar. Me cubro los oídos mientras el grito de aquella rasposa voz continúa. Al parecer, soy el único que logra oírla pues Beatriz ni se inmuta por el escándalo que corroe estas paredes.

La voz vuelve, más suave, casi hipnótica. Me indica que abra la puerta, lo que hago. Lo primero en lo que fijo la mirada es en la alfombra, ahora completamente limpia.

—¿Qué...?

Las rasgaduras en el tapiz se mantienen, incluso un poco de papel ha terminado en el suelo.

Sobre la cama descansa la libreta de dibujo de Beatriz, la que había perdido, por lo que me acerco para tomarla. Al abrirla, noto que hay nuevos dibujos. Líneas grotescas, remarcadas múltiples veces hasta conseguir la forma de una muñeca vieja.

Escucho a Beatriz acercarse, me giro para ver si se encuentra bien o si el pecho sigue doliéndole.

—La encontraste. —dice, en sus labios se forma una media sonrisa.

—¿Esta fue la visión que tuviste?

Su expresión se torna seria y lo niega.

—Fue más bien un recuerdo, esa muñeca permaneció conmigo hasta los doce, cuando la perdí. —Duda un momento antes de continuar—. Supongo que fue algo que había olvidado, y cuando desperté, mi habitación era este desastre.

—Esto... esto no tiene ningún sentido, ¿sabes? —Mis manos alcanzaron mi cabeza, tirando de mi cabello. Una mueca sonriente fue tomada por mi inconsciente para vestir mi rostro. Era absurdo, completamente estúpido. No podía estar considerando que estas cosas sucedieran.

Me senté en la cama, apretujando los mechones de mi cabello ahora hecho un desastre. Beatriz pareció percatarse de mi creciente crisis por lo que tomó asiento a mi lado.

—Supongo que si no era creyente, ahora lo es. —dice como si fuera algo bueno.

Normalmente esta clase de historias las cuentan las abuelas a sus nietos como anécdotas para influir miedo en ellos y obligarlos a portarse bien. Esto ha sobrepasado completamente los límites de la imaginación de los ancianos y sus delirios con criaturas sobrenaturales.

—¿Por qué había sangre? ¿Las demás habitaciones habrán pasado por lo mismo? ¿El hotel se encuentra embrujado?

—Eso ya suena a fanatismo. —interrumpe Beatriz, con una calma que no encaja con lo que acabamos de ver.

Niego, sacudiendo la cabeza.

—Necesito terminar con esto, niña. Y necesito terminarlo ya.

Me levanto para examinar los restos de sangre que habían quedado en el tapiz.

—Esa cosa... tiende a atormentarte, por lo que parece: visiones, manifestaciones sobrenaturales, y los dibujos, todo gira en torno a ti. ¿Tienes algo que decirme?

—¿Cree que estoy loca?

—Querida, si esa es tu conclusión, pues la loquera se me ha contagiado de igual forma.

El rostro de Beatriz cae, apenada. Nada de esto es su culpa, quiero creer. Ahora tenemos una cuestión que es tan ilógica como importante descubrir en este momento.

—Ya que eres parte de esto, ¿Qué te parecería ayudarme?

Sus ojos se iluminan y su expresión se vuelve radiante.

—¿Habla en serio?

—Necesito de alguien que me ayude a moverme por el pueblo, y ya que esto te afecta tanto a ti como a mí, he de suponer que tienes buenas intenciones con la causa.

Beatriz sonríe.

—Me aseguraré de hacer un buen trabajo.

Eso espero, y deseo estar en lo correcto al pedirle ayuda con este trabajo.

***

Veridian Highs, así como la mayoría de pueblos por todo México escondían historia propia que muchos se encargaban de guardar con recelo. No había mejor lugar para apropiarse de tal información que dentro de una biblioteca, o los archivos del gobierno.

Noticias escandalosas, archivos de gran impacto (positivo o negativo) para la población, entre otras cosas, se guardaban en las oficinas del palacio municipal.

Solicité a los encargados una visita a la biblioteca mientras Beatriz se encargaba de recopilar viejos periódicos y hablar con los locales. Había pasado una semana desde nuestra "alianza" y sinceramente, estaba dando frutos.




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