Vermisst : The colorado project

V

Sentía que su cabeza iba a estallar; Unas horribles nauseas se le instalaron en la garganta y sentía, literalmente, que iba a morir, que perdería la conciencia nuevamente en cualquier segundo. Rogaba que aquel dolor punzante en su cabeza desapareciera, y que la presión se desvaneciera.

No tuvo suerte.

Al abrir los ojos, una tenue luz con un filtro amarillo iluminaba el lugar, el cual era un espacio bastante reducido. No había absolutamente nada con él.

Harry no se quiso mover mucho por aquel horrible dolor de cabeza que tenía, pero rápidamente se volvió consciente de que el suelo y las paredes eran realmente suaves, como acolchonadas.

Se sentía drogado, a decir verdad. El techo se hacía pequeño y se expandía, y unas divertidas luces de colores que sentía que provenían de detrás de sus ojos lo mareaban más.

-Siempre debes leer la letra pequeña de los envases, Evans – Una voz femenina dijo; Harry volteó y vio la puerta abierta, una muchacha de cabello anaranjado y rosa en las puntas y varias perforaciones en la nariz y en las cejas. No sabía quién era pero le daba cierta incomodidad, como cuando te cruzas a alguien y le conoces, pero no le recuerdas – Pensé que lo sabrías – Siguió – fue fácil esa parte. Aunque si trajiste problemas para traerte, tuve que teñir mi jodido cabello porque te gustaba hablar de nosotros a todos tus conocidos.

-No tengo idea de quién eres.

-Vale ¡Eso es algo!, déjame intentar ayudarte, ¿Estas divagando, Evans? – El rizado la miró dos veces de arriba abajo y notó aquellos anillos que siempre le habían llamado la atención. No estaba delirando después de todo, no estaba loco por desconfiar.

No sabía por qué, ¿Qué había cambiado en Joanna para que él desconfiase?

-Joanna no te debo dinero, ¡No te debo nada! Por favor, podemos resolver esto correctamente, no encerrándome en este lugar.

-Todo esto es tu culpa, Hazz, tú te lo buscaste. Si no te hubieses metido donde no debías y simplemente te hubieses olvidado de Louis, quizá podríamos ser amigos.

-No quiero tu amistad, quiero mi libertad, te ofrezco dinero, lo que quieras, pero déjame ir y a Louis también.

-Vienes conmigo, y a partir de cómo respondas, pensaré si puedes irte o no – Dijo, acercándose al rizado y agarrándolo bruscamente del brazo para levantarlo del suelo. Este se mareo por los dolores de cabeza más no haber comido en bastante tiempo, y casi cae nuevamente al suelo.

-Y pensar que antes tú mismo te matabas de hambre, eres patético.

Repentinamente, una oleada de sentimientos lo invadió. Era como si una persona ajena hubiese estado controlando su cuerpo y ahora, la realidad lo golpeaba sin piedad.

Sus sentidos se dispararon, el pánico comenzó a causarle temblores y unas horribles ganas de llorar lo invadieron, pero no lo haría.

Se sentía abrumado, no podía pensar ni reaccionar, era una sensación donde los temblores se sentían capaces de hacer que su corazón se detuviese, que sus pulmones también lo harían y dejaría de inhalar y exhalar.

Estaba aterrado, no quería morir.

 




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