La oscuridad no se desvanece, debes aprender a vivir con ella y a liberar a los demonios.
Tirar las máscaras que les hemos puesto a nuestros propios monstruos por temor a verlos a los ojos.
Reprimirlos por dos décadas, desata un infierno interminable.
Las llamas consumen la cordura, los espíritus malignos se apoderan del alma y al final, solo queda integrarlos dentro de ti.
La confesión se vuelve un alivio y la poesía, una catarsis para el alma.