Si acaso mi sentir está erróneo, en un mar de murmullos arráncame la vida.
No para sufrir con desdén la impotencia del amargo sabor de la tristeza, sino, por el contrario, para ser privilegiada por Dios.
Si en mí solo vez una niña desolada y con reproche hacia la vida, arráncame la vida, puesto que no miras más allá de tu juicio y razón.
Cuando la paz ronde mi alma, sea libre de sufrimiento y goce de una carcajada infinita, será el momento en que arrancarme la vida será el inicio de un nuevo atardecer.