Caminando en mi oscuridad, huyendo de mí en ese momento me perdí.
Sentí la colérica presencia de alguien detrás de mí, pero no regresé.
En el camino mis demonios aparecieron matando a mi ser, era la fiera; salía cada atardecer, bebía mi tranquilidad hasta saciar su sed.
La ira se vengaba desgarrando la herida y saciándose de excitante dolor.
La música sonaba, todo era parte de mi imaginación.
La demencia hizo mi realidad evadir, fue cuando arañazos sentí.
Eran los monstruos que habitaban en mí, exigiendo a gritos salir.