Intento silenciar al habitante que vive en mí; su desolación y tristeza me incitan a huir.
Camina a mi lado y me promete que todo estará bien. "La oscuridad ama la miseria "repite, aun reconociendo lo difícil que es sonreír cuando te estás desvaneciendo.
Ahora, el intruso y yo andamos por caminos llenos de espinas y tumbas. Nuestros sepulcros están ahí, porque elegimos cambiar de piel.
"Pobre de ti," susurran las sombras ajenas que buscan encadenarnos en la mentira que vivimos.
Ellos no comprenden que ser un muerto en vida es la miseria eterna de un ave que no logra ser libre.
Así que huimos de la inevitable separación que los demás no entienden.
Al llegar a la soledad con el invitado indeseado; ignoro las palabras subliminales que corren por mi mente, pidiendo qué él busque una respuesta en mi locura existente.
Cuando rememoro nuestro pasado, elimino cualquier duda que tengo sobre nuestro destino, puesto que sé que pese a negarlo, pertenecemos el uno al otro para convertirnos en uno