Observo la estrella de la noche, demostrando que su brillo
es tan solo el suspiro de la luna.
Cierro los ojos, al mismo tiempo que toco su luminiscencia
con mis dedos, y el universo me susurra un millón de años
luz que añaden planetas fosforescentes mis galaxias tenebrosas.
Vuelo en aquellas nebulosas de sueños donde lo único real
es mi respiración.
Donde cada preocupación se transforma en un hermoso y dulce color.
Desde los cielos pasteles admiro cada una de las estrellas
que deslumbran los cosmos, creando con todo esto
mi propia galaxia, de una manera que no logre ser comparada.