Con el juicio de mi mente nublado y el anochecer en mi corazón,
intento razonar caminando en el sendero de la verdad.
El reconocimiento de un sempiterno amanecer susurra mi nombre.
Aquel mezcla su principio y fin sin mencionar pronombres.
Huyo de las sombras que buscan poseerme, reconozco que no podré
escapar de la alquimia que con vida las mantienen.
Todo este disparate me ahuyenta de la luz, me seduce, convirtiéndose
en dulces anhelos inalcanzables repletos de eterna juventud.
Confundida con esta extraña sensación, intento equilibrar la balanza
que tiene amargos sabores por brindarme y una esperanza rota
por arrebatarme.