Jamás abracé el desdén de tus heridas.
Jamás supliqué un suspiro por un hermoso ocaso.
Jamás me preocupé por la lluvia que empapaba tus mejillas.
Jamás expresé los pensamientos que callaban en espera
de ser descubiertos.
Jamás busqué crear un lago en tus ojos, por mis lamentos.
Jamás será la palabra que resguarda el sufrimiento.