Silenciosa desdicha que caminas por los pasillos de la muerte,
persiguiéndola para ponerte a sus pies, alejándote del gozo
que de alguna manera te ha de despertar el interés.
Silencioso dolor que nadie ha de ver, que arde por dentro
y me toma a su merced.
Silenciosa tristeza que juzga sin piedad, siendo el juez del injusto
y que no me permite avanzar.
Silenciosa batalla que he de pelear con coraje, aunque esté
magullada para la guerra ganar.