Ingrata vida, que te aferras al abismo de un beso eterno, que sollozas
en soledad por tu alma compasiva a la tristeza.
Ingrata melancolía, que deshonras con desdén las caricias
del júbilo y derramas lágrimas por un sueño que se ha ido.
Ingrato corazón, qué haces trizas lo que encuentras a tu paso
y desbordas el río con tan solo un suspiro.
Ingrata es la pena que me acongoja; pese a ver mi sufrimiento
y desdicha roza con pasión los labios del desconcierto
y acepta con compasión al infeliz que ruega a la muerte
por un amargo final.