Solía ser la estrella que parpadeaba cada noche, temerosa de ser vista en el universo; lo único que había en el espacio era basura cósmica que apagaba cada centinela.
El ciclo de las constelaciones transcurrió como un beso al viento, y los guerreros de mi mente luchaban cada batalla para ver el campo lleno de cuerpos inertes.
Nada era miel sobre hojuelas, y la vida en un asesino a sueldo se convirtió, buscando, la manera de acabar conmigo con convicción.
Su placer por derramar mi sangre y gozar de mi dolor su alma envenenó.
Buscando eliminar la blancura que oculté por invalidación.
Mi corazón siguió latiendo en tempestad y la bomba en pausa después de una década estalló.