Me llaman extraña porque visto de colores poco usuales, porque soy parte de los rotos y olvidados.
Soy rara, porque la curiosidad interior me abraza; porque camino bajo la lluvia mientras disfruto de las gotas que empapan mis desesperanzas.
"Inusual," me apuntan con el dedo; esperan que cambie mi rumbo solo por satisfacer sus típicos deseos.
"Caso perdido," dicen por ahí; no logran entender el porqué amo la oscuridad que habita en mí.
"Loca," gritan en sus adentros; creen conocerme en cada uno de sus recuerdos.
"Te conozco," afirman, ignorando las veces que nadé en cenizas, y hablaba con la muerte en busca de serenidad e impaciencia, mientras sus habladurías se divulgaban sin condena.
Ven en mí su propio rechazo a su conveniencia.
"Ingrata," vociferan porque camino en mi propio sendero, por rechazar su verdad absoluta y dejarla fuera de mis sueños.
"Egoísta," exclaman con desdén sus voces a mis espaldas.
Soy la villana desde el día que mandé al infierno su lista de complacencias, la que ellos demandaban y que me mantenía enjaulada.