Refulgente celeste que alumbras mi abismo y encausas la melodiosa
claridad de una víspera alejada del oscurantismo.
Ambiguas opiniones que una balada desarmonizada interpretan;
a la que disfrazan de benevolencia.
Dolor de color plomo, que fue arrojado por un pasivo agresivo
visitante, mostrando la verdadera intención del veneno esparcido.
Cielo que se cae a trizas y se convierte en cobalto, el que convierte
el paraíso en un fatídico accidente; el que conoce mis confesiones
y los límites de mi mente.