Cultivo lilas en la casa de muñecas que creé para mis aspiraciones;
pinté sonrisas pretenciosas para decorar las paredes con desilusiones.
Sin zapatos, anduve por el jardín.
Las espinas de las rosas, se clavaron en mi piel, desangrando
en el pasto seco.
Caminé por nubes grises esperando la lluvia de verano, aguardando
otro año.
Con la sequía, las flores se marchitaron; destruyendo la belleza
que había construido y planeado.
Si mi hogar de margaritas en un espejo roto se convierte,
mi esfuerzo habrá sido en vano, puesto no hay otro lugar
en la tierra donde mis deseos merezcan ser encontrados.