El sol deslumbra el caos de mi mente y yo me extravío,
sin frenesí, en aquel centelleo proveniente de la sensatez.
Acaricio el fuego en la lluvia y pierdo la paciencia
por renacer en diversas personalidades.
Camino en la fugaz memoria del desconsuelo,
a la vez que una colorida ensoñación abraza la redención
de la persona que en realidad soy.