En mis labios he colocado un candado que obstruye las oraciones
ocultas tras la puerta; que se resguardan con dificultad y se esconden
para no ser expuestas.
Recuerdo cada vez que la tierra se desmoronó por pensar en qué
será de mí cuando te vayas, por dejarme llevar por los fantasmas
que me atormentan debajo de la cama.
No tolero chocar con pared cuando intento expresar las tintas rojas,
amarillas y azules que corren por mi cabeza.
Acepto, lo mucho que me decepciona estar atrapada en la jaula
sentimental y ser su presa.
Temo no lograr dominar los idiomas blancos de mis sentimientos.
Si fallo en esto, no es por falta de interés, es que no soy apta para
mostrarlas al público sin desprecio.