Imprudente me llaman, por no querer callar los desacuerdos,
imprudente dicen que soy, porque de vez en cuando dejo
a mi alma llorar.
“Imprudente y rebelde” cuchichean por ahí; esperan que mi
naturaleza esconda por su propio placer concebir.
De indiscreta y salvaje me califican, siempre lo vi venir;
es una pena que sin prejuicios no puedan vivir.