En la orilla del mar,
desahogado el dolor,
llegué a pensar que
jamás volvería.
Me he hundido por
completo, no veo
la luz, la superficie,
solo oscuridad.
Las algas se enredan
en mi cabeza,
torturándome, haciéndome
creer que no nadaría.
Grité tu nombre,
temiendo que hubieras
olvidado el mío por
aquellas noches que
olvidé de ti.
Susurran las algas
que jamás escucharías
mi clamor, pero tú me
salvaste, a pesar de los
descuidos, y mi nombre
fue reconocido.
