Como en un cuadro
pintado en negro y blanco,
su piel teñida de plata
aportaba un punto de luz apagada
que la forma de su silueta dibujaba.
Destacando en las tinieblas del lienzo,
solo un toque de color bajo su cuerpo,
el rojo de la sangre desparramada.
Llamó la muerte a la puerta
vestida de traición y engaño,
aunque no la pilló por sorpresa
que se hubiese puesto por careta
el rostro de aquel que fue su amado.
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Editado: 17.10.2020