Y me vestí de ternura aquel día dorado donde los caminos se cruzaron, vibraron, donde nuestras miradas fueron un eco sordo, qué en el silencio del mundo se oyó resonar. Ese día nació la historia de mi nueva vida, ese día los ángeles en el cielo cantaron un himno antiguo, tejido de luz y de hojas, un canto que sólo el corazón puede entender. No fue un encuentro casual ni un azar fugaz, fue el susurro del tiempo que nos buscaba a ambos a ti y a mi, fue el eco de un lazo que se había roto antes para volver a nacer más fuerte, más puro, más verdadero.
Hoy me visto de locura, de fuego y de viento, hoy digo que te quiero con todas mis fuerzas, no te lo digo a escondidas, no te lo digo a medias, te lo digo a gritos que se pierden en el aire. Porque el amor que siento no puede ser callado, no puede volverse suspiro y desaparecer, no puede ser llevado por el viento frío del olvido sino que debe brillar como el sol en la madrugada. Mi locura es tu nombre escrito en las paredes, en tu risa en mis sueños, tu voz en mi mente, es el deseo de tocarte aunque estés lejos, es el anhelo de sentirte cerca aunque el mundo se interponga.
Hoy me visto de alegría, de colores y flores, porque en mi corazón guardo tu sonrisa, esa sonrisa que abre puertas cerradas desde hace tiempo, esa sonrisa que calienta mis días grises y oscuros. Tus miradas son anclas que me sujetan firme, que me mantienen en tierra cuando el mar embravece, que me hacen sentir seguro, querido, amado, que me hacen creer en lo imposible, en lo mágico, en lo bello, no aguanto pensar en ti sin revivir cada instante, sin recorrer cada rincón de esos momentos juntos, sin recrear mis ideas con tu esencia envolviendome, sin sentir que cada latido es un eco de tu aliento. Desde que llegaste, la alegría no es más un recuerdo, sino una realidad que me abraza cada mañana, un regalo que guardo con cariño en mi pecho, un tesoro que nadie podrá nunca robarme.
Hoy me visto de amor, de pura y sencilla entrega para recorrer el camino que nos espera sin miedos, sino con la certeza de estar uno al lado del otro.
Siguiendo la ruta que el destino nos marcó con cuidado, tejido de sueños, de esperanzas y de fe, llenos de confianza que crece cada día más fuerte, llenos de amor que nos unen como la tierra y el cielo. Nos apoyamos siempre para no tropezar en el camino, para levantarnos juntos cuando caigamos al suelo, para encontrar la luz aunque la oscuridad nos rodee, para construir un hogar donde el amor sea el dueño. El amor es nuestro abrigo, nuestra fuerza, nuestra guía. Es el vestido que nos cubre del frío y de la soledad, es el lazo que nos une más allá del tiempo y el espacio, es el motivo por el que cada día vale la pena vivir.
Hoy nos vestimos de sueños, de confianza y de fe, de ilusiones que se elevan hasta el firmamento azul, porque somos como las estrellas que brillan en la noche, las que despiertan nuestras más grandes fantasías. Las que nos invitan a volar más alto de lo imaginado, alcanzar cumbres que antes parecían inalcanzables, a lanzarme al vacío con la certeza de que estas ahí, a bajar estrellas para ver quién alcanza la más alta, quien recoje más sueños en sus manos. Nuestros sueños no son fragiles como el cristal, sino fuertes como el roble, resistentes como el mar, son el motor que nos impulsa a seguir adelante, son el faro que nos guía en la tormenta.
Y nos vestiremos de amor y de ternura siempre, de esa ternura que acuna los dolores y las penas, que suaviza los caminos y hace que todo sea más bello, que transforma las sombras en luz y el llanto en risas. Las estrellas que brillan en el cielo serán nuestras lámparas, nuestras guías en la oscuridad, nuestras testigos de amor, y las pondremos una a una en su lugar con cuidado, para que Dios no vea ningún desorden en nuestro universo. Porque nuestro amor es ordenado, es puro, es verdadero, es un templo donde solo entra lo bueno y lo hermoso, es un jardín donde crecen flores de todos los colores, es un canto que se eleva hasta los cielos más altos.
Iremos tomados de la mano sin soltarnos nunca más, recorriendo caminos fascinantes que el destino nos va preparando, caminos llenos de magia, de misterios y de sorpresas, caminos que llevan a lugares donde el amor es eterno. Lugares donde el tiempo se detiene para contemplarnos, donde el viento susurra nuestros nombres entre las hojas, donde el sol brilla más fuerte para iluminarnos, donde la luna nos besa con su luz plateada y dulce. Ahí construiremos nuestros castillos de sueños hechos realidad donde cada rincón hablará de lo mucho que nos queremos, donde las paredes guardarán nuestros secretos más íntimos, donde el techo será el cielo y el suelo será nuestra historia.
Y cada uno de esos lugares en cada paso que demos, nos vestiremos de felicidad, de esa felicidad que nace del alma que no necesita de nada más que de estar juntos, que es el vestido más bello que puede llevar un ser humano. Felicidad que se ve en los ojos, que se siente en la piel, que se escucha en cada palabra, en cada silencio compartido, que se respira en el aire que nos rodea, en el aroma de tus cabellos, que se vive en cada amanecer y en cada atardecer que compartimos.
Porque el amor es el mejor vestido que podemos usar, el que nunca se desgasta, el que nunca pasa de moda, el que nos hace sentir completos, vivos, reales, el que da sentido a nuestra existencia en este mundo. Será nuestro vestido para los días soleados y los nublados, para las fiestas y los momentos de calma, para los retos que vendrán y las victorias que celebraremos, para siempre, para siempre, para siempre.
Así seremos siempre: vestidos de ternura, de locura, de alegría, de amor, de sueños y de fe, vestidos de esa energía que solo nos une a nosotros dos, vestidos de promesas cumplidas y de esperanzas por cumplir. Vestidos de la historia que escribimos juntos línea por línea, de los besos que nos hemos dado y los que aun nos quedan por darnos, de las lágrimas que hemos compartido y las risas que aún vendrán, vestidos de nosotros dos, de lo que somos y seremos siempre. Porque este amor es nuestro, único e irrepetible, un regalo del cielo que guardaremos con toda el alma, un vestido que nunca nos quitaremos ni en esta vida ni en la otra, porque el amor verdadero no tiene fin... Solo tiene comienzos infinitos. ValVil
Editado: 26.02.2026