Versos Que Enamoran El Alma

AMOR GUARDADO

Por mucho tiempo viví solo, más no en soledad: aprendí a vivir con el mundo a mi alrededor, con sentidos despiertos a cada leve detalle - al viento qué susurra entre hojas de roble y sauce, al eco qué baila por las calles de granito frio, a estrellas qué dibujan en la noche azul oscura mapas de sueños que aún no he podido leer.

Por el anhelo de volver a sentir, de vibrar con el fuego que en el amor late, de vivir otra vez enamorado enteramente de esa vida, que el amor solo puede dar.

Siempre esperando que un día de suerte me golpee un rayo de ternura y curiosidad, que llegue como pájaro a rama descansada, con alas de luz y mirada candorosa para despertar en mi la fuerza de hacer feliz a quien se cruce en mi camino - con todo este amor guardado en mi pecho, tesoro custodiado con mano tierna, como el jardinero cuida su flor más bella antes de que brote su esplendor verdadero.

Y así mismo recibir, con alma abierta, esperando sin prisa, sin angustia ni afán, por que las cosas bellas del destino lleguen cuando el tiempo las ha de traer.

Por que vivir sin desafío es solo respirar: acto simple, mecánico, sin calor ni luz. La vida se hace en los giros del camino, en montañas altas qué hay que escalar, en valles bajos donde se debe aprender a caminar con pies humildes y ojos bien abiertos. Es entender y apostar con clara verdad en las vueltas qué da este gran mundo azul - donde calles se bifurcan y senderos se pierden, pero cada paso nos acerca más al amor.

Para entenderlo, para llegar a amarlo, no debemos nunca, nunca desesperar: el tiempo es maestro con paciencia infinita, que nos enseña a esperar, a ver y a escuchar.

Y entonces me pregunto, con voz que se ahonda en el centro mismo de mi corazón: ¡Bendita soledad! ¿Por qué no te temo? ¿Acaso es porque no te conozco en verdad, o por qué te aprendí a ver como hermana fiel qué me acompaño en días de silencio y paz?

Tu presencia no fue prisión ni castigo, sino refugio donde cultive mi ser, donde miré adentro y descubrí el secreto: qué el amor que busco en el mundo a mi alrededor primero debe nacer y crecer en mi tierra interior.

Así te agradezco, soledad bendita, por enseñarme que el amor guardado no se pierde - madura como vino en barrica de roble, esperando el instante de ser vertido en el cáliz de la vida que un día compartiré con otro ser. ValVil




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