Versos Que Enamoran El Alma

SECRETOS AL VIENTO

Ella fue el hilo de mis días dorados, mujer fría, compleja, un enigma dibujado. Fácil de querer, fácil de entender y amar, las palabras son cenizas donde el alma se desborda.

Ella escupia - te quieros - por todos lados, en la mañana gris, en las noches de ardores, leales, sinceros, - eso creí, sin dudas. Te quiero, decía en silencio con las manos. Te quiero, grababa en cada rincón de mis manos. Transmitía cariño, enseñaba a sonreír con ternura, en miradas que besaban el corazón aquí.

Te quiero - sonaba en el eco de sus pasos, en el café qué compartíamos, en los caminos traspasados. Decía amarme con locura, nunca cedia, inspiró el alma mía, la hizo volar y crecer. Te quiero, murmuraba contra mi piel, te quiero, como el mar quiere a su orilla fiel.

Ella. Ella era capaz de tocar sentimientos de esos que nacen en el alma, de esos que se expresan con besos tiernos. Sentimientos profundos que no tienen medida, que se abren como flores en el campo del alma perdida.

En cada gesto pequeño, en cada detalle menor, te quiero era el hilo que unía nuestro amor. Ella sabía encontrar la forma de decirlo siempre nuevo, como un sol que renace, como un río que sigue su cauce. Pero lo que más extraño es su manera de mirar, cuando sus ojos cafe claro con los mios se encontraron a la par: allí no había necesidad de pronunciar la frase en voz alta, porque en su mirada brillaba - te quiero, clara y alta.

Ella. Ella era capaz de tocar sentimientos de esos que nacen en el alma, de esos que se expresan con besos tiernos. Besos qué dejan huella en la piel y en el ser, que convertián cada instante en un tesoro a conservar.

Aquí estoy diciendo secretos en voz alta, que la brisa lleva en su susurro, sin falta: por las calles donde caminamos un día, por los sueños que construimos, por la alegría que nos llevó lejos.

Te quiero - gritó ahora al viento, aunque ya no esté ella cerca, te quiero - es el eco que en mi pecho no deja de aferrarse. Te quiero en cada recuerdo que me acaricia el corazón, te quiero en cada latido que busca su razón.

Con un suspiro melancólico y un grito callado, que abraza con fuerza, que grita sin amparo: aún te amo, aun te extraño. Y en cada palabra que el aire se lleva hoy, resuena una y otra vez, clara y fuerte: te quiero. Te quiero en el silencio de mis noches solitarias, te quiero en las mañanas qué espero sin esperanza. Te quiero - es el secreto que ahora dejo al descubierto, te quiero - es el latido que mi alma conserva intacto. Ella. Ella fue capaz de tocar sentimientos de esos que nacen en el alma, de esos que se expresan con besos tiernos - y es por eso que aún hoy, mi boca murmura: te quiero. ValVil




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