Amores eternos dando vueltas alrededor de mi mente, como sombras que giran sin encontrar un lugar en donde descansar, me perdí en el insomnio de una noche eterna y dilatada, donde el reloj cuenta horas vacías qué nunca podré recuperar.
Miles de ideas en un andar incierto y tembloroso, caminando sobre arenas movedizas qué se tragan mis pasos, bendiciendo el tiempo aunque me hiera con su mano fría, y el espacio mio que se estrecha con cada rincón olvidado.
Queriendo dormir y soñar despierto en el mismo instante, donde la realidad se desvanece y el corazón solo siente frío, escarbando en mis recuerdos como un minero en tierra agotada, cabando profundamente, encontrando solo lo que ya no queda.
Sacando mis propios secretos, guardados en cajas de cristal roto, donde se reflejan los restos de lo que nunca pude hacer realidad, descubriendo pasiones qué se apagan en el fondo de mi ser, y amores eternos que el destino condenó a vivir dentro de mi.
Esos amores que sin querer incluyen vivencias y sueños rotos, cosidos con hilos de sombra y con lagrimas que ya no fluyen, mis noches las paso buscando a la Musa que me inspire, por caminos de niebla que el cielo a cubierto de silencio.
Busco su rastro en cada hoja en blanco que mi mano desgarra, en cada nota musical que el viento lleva lejos sin volver, el tiempo se escapa rápido, no me alcanza ni para respirar bien, y la soledad de la búsqueda pesa más que cada vez que lo intento.
Siento que ya no pienso solo, que mi mente se ha dividido, que cada pensamiento es un puente roto qué nadie podrá cruzar, solo medito la verdad del momento que ahora me toca sufrir, y la llama de la creación qué se debilita en mi interior, casi a morir.
La crueldad de la vida que nos hierve y nos hace sufrir sin tregua, se convierte en tinta espesa qué se pega en mi papel seco y lo hermoso de estar viviendo se desvanece como el sol al ocultarse, quedando solo las sombras que la Musa nunca quiso dibujar en mi camino.
Queriendo no malgastar ni un solo segundo de este trance, pensando cuando llegará la Musa qué aliviará mi agonía, o si acaso ella nunca vendrá, si mi espera es en vano, si el día de un sueño eterno nunca llegará a despertar.
Hasta entonces el escritor de historias fantásticas vibrara débil, virara sin alas, caerá sin alas, por un camino tan incierto, buscando en cada eco vacío, en cada susurro que se pierde, la presencia de la Musa que quizás solo existe en mis sueños.
Mientras tanto, perdiendo segundos que se van como el viento helado, seguiré dando vueltas alrededor de mi mente, atrapado y con miedo viviendo cada latido como si fuera el último antes del silencio, y aprendiendo a vivir con cada verso que no logro componer del todo.
Porque los amores eternos nunca se van, pero se vuelven amargos y la Musa es la brújula rota que no puede guiar mi alma, en la noche eterna del insomnio o en el día gris del despertar, siempre estarán ahí, girando en mi mente, como una melodia qué nunca podré terminar. ValVil
Editado: 26.02.2026