Soy la sombra que no se va cuando amanece, un nombre que ya no se pronuncia en silencio, como un fantasma que deanvula por los rincones vacíos donde antes vivía tu risa, cálida y contundente.
No tengo forma tangible qué puedas tocar, ni voz que llegue hasta tus oídos cansados de escuchar promesas rotas en el viento; soy el recuerdo que late en la pared, el reflejo borroso en el cristal empañado de una ventana que ya no abre a tus brazos.
Camino sobre los restos de lo que fuimos, pisando flores marchitas qué plantamos juntos, cada pétalo un hilo de lo que nunca volverá: las tardes en el parque donde las hojas caían como lágrimas de otoño, tu mano en la mía, siendo el único faro en mi oscuridad. Ahora soy la sombra de esas pisadas sobre el pasto seco, el fantasma de aquel amor que se desvaneció como humo en un cuarto cerrado, dejando solo el olor acre de lo que pudo ser y no fue.
Mis pasos no hacen ruido en el suelo frío, porque ya no peso nada en tu mundo; soy el espectro de la ternura que te di, el fantasma del cariño que ahora te es indiferente.
Veo como ríes con otros rostros desconocidos, como compartes café en la mesa donde antes nos mirábamos a los ojos sin necesidad de palabras; y aunque mi alma se parte en mil pedazos. Observar invisible, no puedo ser más que quieto y transparente, como quien mira una película que ya no pertenece a su vida.
He recorrido cada rincón de esta casa que fue nuestra, tocando objetos que guardan huellas de tu presencia; el yersey que dejaste en la silla del salón, las fotografías que ahora están tapadas con tela, el vaso que nunca más llenarás con jugo de naranja como hacías todas las mañanas cuando el sol entraba por la ventana del dormitorio. Soy el fantasma que acaricia esos objetos con manos sin sustancia, que intenta sentir el calor que aún pudieran guardar, pero solo encuentro el frío de la soledad que me envolvió desde que cerraste la puerta y no volviste más.
No tengo derecho a llorar, ni a reclamar tu atención, soy solo el fantasma de un amor que murió prematuramente; como la niebla que se disipa con el sol, como un hilo que se pierde en la distancia, voy desapareciendo poco a poco en los rincones donde tu memoria ya no quiere residir. Pero aún así, sigo aquí, flotando entre lo real y lo ireal, siendo el testimonio silencioso de un desamor que se convirtió en mi única razón de ser, aunque no sea más que un espectro sin hogar, un fantasma que busca en vano un abrazo que nunca llegará.
He visto como construyes nuevamente tu vida, como pintas de colores brillantes los espacios que yo dejé cubiertos de tristeza y melancolía; y aunque una parte de mí se alegra por ti, otra se hunde en la oscuridad de la desesperanza, porque sé que ya no tengo lugar en ese nuevo mundo que estás edificado con tus propias manos. Soy el fantasma del pasado que te sigue sin querer molestarte, que se esconde cuando escucho tus pasos acercarse, que solo aparece en las noches de luna llena cuando la soledad te alcanza por un instante y quizás, solo quizás, recuerdes que alguna vez fuiste mía- o que yo fui tuyo.
No puedo tocar tu rostro, ni besar tus labios, ni sentir el calor de tu cuerpo contra el mío; soy el fantasma de un amor que ya no existe, un hilo guardado en los pliegues del tiempo. Cada día que pasa me hago más tenue, más transparente, más cerca de desaparecer completamente, pero mientras quede un rastro de lo que fuimos, seguiré deambulando como un fantasma en tu vida, guardando en mi ser la herida abierta de un desamor qué ya no intento sanar, porque entiendo que el único corazón que podía llenarme ya no está conmigo, ya no me siente, ya no me ama.
Y así seguiré, hasta que el último rastro de mi se funda con el aire, como un fantasma que finalmente comprende el peso de un amor perdido, caminando por los caminos que ahora solo te pertenecen a ti, mirando hacia adelante con la calma de lo que fue y no volverá, siendo el testimonio de que el desamor también puede ser liberación, ya no un espectro sin rumbo, sino un ser que encuentra su paz, que deja de buscar en las esquinas lo que ya no existe más, y que se va desvaneciendo poco a poco, como la espuma en la playa, cuando el mar del olvido llega para llevarlo todo consigo - y yo lo dejo ir. ValVil
Editado: 26.02.2026