No mueren, no se van, no callan jamás esos sentimientos - son gusanos en el cerebro, son fuego en los huesos, viven como castigo, como condena sellada con sangre vieja, se han convertido en mi piel, en mi aliento, en mi sombra, en un para siempre que no pedí, que no busque, que me arrastra hacia abajo, hacia adentro, hacia donde el tiempo se rompe en pedazos.
Yo abro mi alma cuando ella calla. Yo abro mi alma cuando ella llora. Yo abro mi alma cuando ella se pierde entre la felicidad que fue un susurro y la tristeza que es un rugido, con manos de humo, con dedos qué no tocan, con un calor que se esfuma antes de llegar a mi pecho.
Cuando la oscuridad me toca, mis fantasmas despiertan. Cuando la oscuridad me envuelve, mis fantasmas caminan. Cuando la oscuridad me devora, mis fantasmas cazaran —no corren, no saltan, siguen mis pasos como eco de un llanto que ya no puedo emitir — arrastrando consigo el recuerdo de aquella ilusión: pasajera como un rayo en la noche, brillante y mortal, un gran amor escrito con letras de humo en la pared de mi mente, pasión de un solo momento que se alargó hasta el infinito, realidad prohibida que tocó mi boca con labios de fuego, sentimientos desbocados en las sombras donde nadie ve, justificando mi soledad como si fuera un premio, como si fuera un deber.
Me encuentro frágil, como cristal hecho de nieve, víctima de mis miedos qué son montañas qué no puedo escalar, de mis debilidades que son agujeros donde me caigo una y otra vez, de mi incapacidad para reconciliarme con todos mis demonios —ellos bailan en mi cabeza, y yo me quedo quieto. Ellos golpean mis sienes, y yo me quedo callado. Ellos gritan mi nombre y yo me quedo perdido enloquecido por un amor que profundo es, tan profundo que se perdió en mis venas, duele aún, aún duele como si ayer fuera el día en que te fuiste, como si tu mano aun estuviera en mi mejilla y luego se evaporara.
Mi alma busca tus huellas donde caminé. Mi alma busca tu olor donde respiré. Mi alma busca tu voz donde hablé para llenar los huecos vacíos de ti —huecos en mis sueños, huecos en mis palabras, huecos en el café qué bebo solo cada mañana, huecos en el silencio que me rodea cuando cierro los ojos, huecos que son tu forma, tu olor, tu voz que ya no escucho, huecos que se hacen más grandes cada vez que respiro, como si mi pecho se fuera desmoronando pedazo a pedazo.
Camino sin rumbo, porque no hay suelo. Camino sin alma, porque no estas aquí, loco, trastornado, con los pies en el aire y la cabeza en el barro —por un amor que no existe más, que nunca existió tal vez, sufriendo en silencio porque gritar no sirve de nada, pagando mi condena como un criminal que no sabe porque esta en la cárcel mirando al cielo porque es el único lugar donde no puedo verte, porque es el amor ajeno qué brilla sin pedir permiso, la prisión de todos mis días, de todas mis noches, es la sed que no se puede sasiar, sentimiento en la oscuridad qué no se puede eliminar, soy un momento triste, un instante de lluvia en un día de seco, como un extraño en mi propia vida —no reconozco mi rostro en el espejo, no reconozco mis manos que ya no tocaron tu piel, no reconozco mi voz que ya no dijo tu nombre.
El amanecer se acerca como un fantasma lento, y el frío penetra todos los poros de mi cuerpo —no es el frío del viento, es el frío de tu ausencia. No es el frío de la noche, es el frío de tus manos. No es el frío del mundo, es el frío de mi vida que no calienta, que ilumina mis miedos como si fueran obra de arte, que muestra los desórdenes de mi mente como un mapa sin ruta.
Escribo historias tristes en mi piel. Escribo historias tristes en el aire para poner a mis demonios en paz, para hacerles callar un rato, pero ellos no duermen, ellos no descansan, ellos llevan tu rostro en sus ojos vacíos, ellos llevan tu risa en sus gritos guturales, ellos llevan tu amor es sus manos destructoras.
No sé sí seguir o si pararme aquí. No sé sí sentir, o si cerrar mi corazón. No sé sí vivir, o sí dejarme morir —no sé sí esté amor es un regalo o una maldición, no sé sí tu exististe o si fuiste un sueño que se volvió pesadilla, no sé sí mi alma podrá encontrar un día la calma, o sí seguirá abrazandose así misma entre la felicidad y la tristeza, o sí los sentimientos que no mueren acabarán por deborarme entero.
¡LOCO! ¡TRASTORNADO! ¡PERDIDO!
Así soy, así he sido, así seré hasta que la muerte me tome de la mano, hasta que la tierra me coma y me convierta en polvo, hasta que mis recuerdos se desvanezcan como niebla en el sol, pero incluso entonces, esos sentimientos no morirán. Pero incluso entonces, seguirán viviendo en mi. Pero incluso entonces, míos para siempre. Sé que seguirán viviendo como castigo, como condena, sé que seguirán arrastrando mi alma por los rincones oscuros, donde la ilusión es un eco y el amor es un dolor que nunca se va.
El sol está arriba, pero aquí sigue haciendo frío, la soledad ya está aquí, pero sigue siendo mía, las historias tristes ya están escritas, pero siguen contandose, los demonios ya están aquí y aún siguen bailando, y yo sigo siendo un extraño en mi propia vida, un loco trastornado por un amor que profundo es, que duele aún, que vive en mi como si fuera parte de mi sangre, como si fuera parte de mi condena, como si fuera parte de todo lo que soy. ValVil
Editado: 19.03.2026