Quisiera decir que el sol me sonríe cada mañana, que el viento me susurra promesas en mi oído izquierdo, pero la verdad es que no hay inspiración real que me motive a sonreír, que me haga sentir que la vida tiene un hilo de luz qué guíe mis pasos.
Me doy una vuelta por mi corazón, camino entre sus calles estrechas y polvorientas, y me parece que hay demasiado espacio, más de lo que debería haber en un lugar hecho para albergar amor y calidez. Espacio vacío que se llena solo de silencio - un silencio pesado, que no calla, sino que grita en voz baja, - de dolor que se enraiza en cada rincón, como maleza que no deja crecer nada más. Miro el sufrimiento de un corazón que agoniza entre latidos débiles y esperanzas rotas, que lucha por encontrar un motivo para seguir latiendo, pero apenas encuentra fuerzas para respirar.
No me quiero sentir tan solo en este mundo que parece tan grande y tan desolado a la vez, un mundo donde me siento ajeno, como un extraño que llegó sin invitación, como un sueño sin salida donde cada camino se convierte en callejón sin salida, donde se pierde la razón poco a poco, donde la lógica se desvanece como humo en el aire frío, sintiendo un vacío interminable que se expande como un océano sin orillas dentro de mi pecho, cansancio que me arrastra hacia abajo, como si llevara peso en los pies y en el alma, y una pena profunda, tan profunda que apenas entiende mi alma, que apenas puede soportar su carga.
Hoy y todos los días, vivo esperando que me pase algo genial, algo que ilumine mi existencia, algo grandioso que haga que el mundo parezca diferente, que cambie el rumbo de mi historia, algo verdaderamente sorprendente que me haga olvidar todos los días tristes que he vivido, pero pasan los días, uno tras otro, como hojas que caen del árbol en otoño, y solo se queda en eso: en esperar y esperar, con las manos entrelazadas y la mirada fija en el horizonte, y una tristeza que poco a poco, como una sal qué se disuelve en el agua, me hace perder el juicio, me hace dudar de todo lo que creí saber, y mis recuerdos —esos recuerdos que deberían ser tesoros—me hacen vivir un infierno, un infierno hecho de momentos que ya no volverán, de palabras que no se dijeron, de abrazos qué nunca llegaron.
Intento controlar mis emociones, como quien intenta domar un caballo salvaje, para enfrentar las cosas con fuerza y madurez, con la frente en alto y el corazón fuerte, pero no me gusta esta noche, no me gusta nada como se siente la oscuridad que me envuelve, porque me tiene atrapado dentro de mi propia mente, un laberinto sin salida qué construí yo mismo, juega conmigo, se mete en mis recuerdos y los revuelve como si fuera un mazo de cartas, se mete en mi alma y la sacude con fuerza, como si quisiera sacar de ella todo lo que queda de bueno, cuando estoy triste o contento, cuando pienso que he encontrado un poco de paz, ella viene y alimenta mis sueños solo para luego destruirlos con sus manos frías, destroza mis ilusiones una por una, como si fueran cristales frágiles qué no pueden resistir el menor golpe, y así es como es, así es como se siente: no me gusta esta noche...
No me gusta cómo la luna mira desde arriba con su luz pálida y distante, cómo las estrellas parecen tan lejanas, tan inalcanzables, como todos mis deseos, no me gusta cómo el sonido de la noche asentua cada sonido dentro de mi, cada latido rápido, cada suspiro cargado de pesar, cada pensamiento que grita por salir, no me gusta cómo el pasado vuelve a visitarme en estas horas oscuras, cómo cada rostro olvidado aparece frente a mis ojos, cada palabra no dicha resuena en mis oídos, no me gusta cómo mi mente se niega a descansar, cómo sigue dando vueltas y vueltas sin descanso, cómo se aferra a cada detalle, a cada error, a cada oportunidad perdida.
La noche se extiende como un mar sin fin, y yo navego en el sin timon ni brújula, sintiendo cómo el frío de la oscuridad se mete en mis huesos, en mi sangre, en mi cuerpo, intentando encontrar una isla, un lugar donde poder descansar, donde poder respirar de nuevo, pero todo lo que encuentro son olas de tristeza que me golpean con fuerza, olas que me arrastran hacia las profundidades, donde el dolor es más intenso, donde la soledad es total.
No me gusta esta noche, pero se que tendré que atravesarla, como he atravesado tantas otras, sé que el sol volverá a salir mañana, que la luz volverá a llenar el mundo, pero en este momento, en este instante en que la noche me abraza con sus brazos fríos, solo puedo decirlo una vez más, con toda la fuerza que me queda en el alma: no me gusta esta noche... ValVil
Editado: 19.03.2026