Versos Que Enamoran El Alma

EL AMOR NOS TREPA EL ALMA

El amor nos trepa el alma.

Algunas veces el amor viene de lejos con pasos suaves y lentos que parecen dibujar círculos en el suelo del tiempo, pasos que llevan consigo el eco de susurros que nadie escuchó nunca, pasos que se acercan despacio como la marea que sube silenciosamente a besar la orilla. Con pasos suaves y lentos, como la sombra de una nube qué se desliza sobre el campo dorado del atardecer, como el susurro de las hojas cuando el viento habla en lenguas antiguas, como el latido qué se hace más claro cuando la noche se pone tranquila. Entra en el corazón como el aire que llena los pulmones de quienes caminan por praderas verdes al amanecer, como el aire que circula por los pasillos de una casa vacía, como el aire que acaricia la piel después de la lluvia limpio y fresco y cargado de promesas. Imperceptible se mete entre las venas de los sentidos, entre las venas qué llevan sentido a cada rincón del cuerpo, entre las venas qué recuerdan cada emoción vivida, y entre las venas qué esperan con anhelo el calor de lo desconocido. Se mete entre las venas de los sentidos, así lo vamos sintiendo, así lo vamos descubriendo en cada gesto pequeño, en cada mirada que se detiene un segundo más de lo normal, en cada palabra que se queda en la punta de la lengua antes de salir al mundo. Así lo vamos sintiendo como un eco se hace más fuerte con cada paso que da, como una semilla que germina en la tierra fértil del ser, como una melodía que se empieza a escuchar aunque no haya nadie tocando un instrumento.

A veces llega cuando menos se espera, cuando el corazón creía que ya no podría sentir nada más que el peso de las horas pasadas, cuando los ojos habían olvidado como brillar al ver algo nuevo, cuando las manos habían olvidado como abrazar con toda la fuerza del alma. Cuando llega se nos sube la emoción como hiedra al muro que ha estado solo durante mucho tiempo, como hiedra qué busca la luz y se agarra con fuerza a cada grieta, como hiedra qué decora con su verde intenso lo que parecía gris y aburrido. Como hiedra al muro que ha visto pasar estaciones y temporadas, que ha soportado vientos fuertes y lluvias torrenciales, que ha mantenido su firmeza aunque nadie le prestára atención, con la suavidad de una caricia que viene de alguien que conoce cada rincón de nuestro ser, con la suavidad de las alas de una mariposa que posa en la mejilla, con la suavidad del pelo de un niño que duerme en nuestros brazos, con la suavidad de la seda que se desliza entre los dedos. Se cuela por todos los poros del cuerpo, por los poros que dejan entrar la luz y el aire, por los poros que liberan el sudor de los esfuerzos y las preocupaciones, por los poros que son como pequeñas puertas hacia el interior de nosotros mismos. Se cuela por todos los poros, hasta llegar a los huesos, hasta llegar a la estructura más fuerte que tenemos, hasta llegar hasta donde se guardan los recuerdos más profundos, hasta llegar a donde el tiempo no puede tocar con su mano corrosiva. Hasta llegar a los huesos donde anida su color profundo, donde el color se convierte en fuego qué no quema sino que calienta, donde el calor se hace parte de nuestra propia estructura, donde el calor nos hace sentír vivos de una manera que nunca habíamos sentido antes.

Viene de lejos, cruzando mares de dudas y montañas de miedos, cruzando valles de tristezas y campos de soledad, cruzando caminos que nadie había recorrido antes y senderos que parecieran estar cerrados para siempre. Viene de lejos y nos palpita el corazón con una fuerza que hace temblar los muros que habíamos construido para protegernos, con una fuerza que hace saltar los candados que habíamos puesto para evitar sentir, con una fuerza que es a la vez suave y poderosa como el río que va cortando su camino por la tierra. Nos palpita el corazón y temblando los sentidos uno a uno, temblando la vista que empieza a ver colores más intensos, temblando el oído que empieza a escuchar sonidos más claros, temblando el olfato qué empieza a distingir aromas más profundos, temblando el gusto que empieza a saborear cada cosa con más intensidad, temblando el tacto que empieza a sentir cada textura con más claridad. Temblando los sentidos, nos sonríe con dulzura eterna, con una sonrisa que parece haber sido hecha especialmente para nosotros, con una sonrisa que disuelve las arrugas de la preocupación, con una sonrisa que ilumina el sol en un día despejado. Nos sonríe, nos despierta de un sueño que era demasiado largo, de un sueño donde todo era triste y monótono, de un sueño donde no había emociones ni sentimientos, de un sueño donde estábamos viviendo pero no estábamos presentes. Nos despierta, nos hace estar atentos a cada instante que vive, a cada segundo que pasa como una gota de agua que cae en un estanque, a cada minuto que se llena de pequeños detalles que hacen la vida maravillosa, a cada hora que se convierte en un regalo que debemos agradecer.

Cuando llega, trae consigo risas que brillan como el sol que sale tras una tormenta, risas que hacen eco en los rincones más oscuros del alma, risas que son como música que se hace cuerpo, risas que liberan todas las tensiones acumuladas durante mucho tiempo. Viene con risas, viene con ternura que calma cualquier dolor que haya quedado en el camino, ternura que es como un bálsamo para las heridas invisibles, ternura que se hace abrazo cuando no hay nadie más cerca, ternura que es la base de todo lo bueno que existe en el mundo. Con ternura como rayo de luz que atraviesa la oscuridad más densa, como el rayo de luz que se encuentra a través de las nubes más gruesas, como rayo de luz que ilumina el suelo donde vamos a caminar, como rayo de luz que nos muestra el camino cuando estamos perdidos. Embriagandonos con su perfume de fresa y flor, perfume que recuerda a los jardines de la infancia, perfume que se queda en la ropa y en el pelo, perfume que se convierte en un recuerdo que podemos evocar cuando lo necesitemos, perfume que es único e irrepetible como cada persona que llega a nuestras vidas. Con su perfume de fresa y flor que llena cada rincón de la casa, cada rincón del corazón, cada rincón del pensamiento, cada rincón del ser que antes estaba vacío y silencioso.




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