En mi vida hay tantas páginas escritas —algunas talladas en piedra con firmeza, otras trazadas en arena donde las olas intentan borrarlas. Cada una lleva la huella de mis pasos : risas que resonaron como truenos en días de alegría, silencios que pesaron más que montañas en momentos de duda, y promesas que, aunque se rompieron dejaron cicatrices que me enseñaron a ser más fuerte.
Y en el baúl hay tantos recuerdos guardados —no es un refugio oculto, sino un tesoro que cargo conmigo a done quiera que vaya. Allí reposan los fragmentos que construyen mi historia: una cadena que me regalo mi abuela antes de partir, un billete de tren que marcó el inicio de mi camino propio, los pétalos secos de la primera flor que alguien me dio con verdadero cariño. Cada pieza es un testimonio de lo que he vivido, de lo que he sentido, de lo que he existido con intensidad en este mundo.
En el jardín de mi mente crece todo lo que he sembrado: árboles robustos que me sostienen cuando el viento azota con furia, arbustos que enseñaron a defenderme sin perder mi humanidad, y senderos que me invitaron a explorar lo desconocido. Pero las flores más hermosas en mi corazón — esas son el motor de mi existencia. Son el amor que me ha dado fuerzas para levantarme cada mañana, la amistad que me ha sostenido en los abismos más profundos, los sueños que me impulsan a alcanzar horizontes que parecen inalcanzables. Cada flor es un grito de vida, cada pétalo es un compromiso conmigo mismo de seguir creciendo.
Pero no vivo en un paraíso cerrado. Sentimientos guardados luchan por salir: miedos que intentan amordazar mi voz, rabias que buscan quemar todo a su paso, tristezas que pretenden sumergirme en la oscuridad. Ya no intento cerrarlos en cajas herméticas —sé que eso solo los hace más poderosos. Ahora los dejo fluir, los reconozco por lo que son, los transformo en energía para construir, para cambiar, para avanzar.
Y cuando la noche parece eterna, mis demonios se despiertan gritando y pidiendo un infierno más grande para guardar todavía. Ellos son los reflejos de mis errores, los ecos de mis fracasos, los fantasmas de las desiciones que me hicieron daño a mi y a otros. Pero ya no les temo. Los miro a los ojos, les digo que si existieron, que si dejaron marcas, pero que ya no tendrán el control de mi destino. No les daré más espacio en mi ser —mi mundo es demasiado grande para ser reducido a un infierno qué ellos quieren imponer.
Porque las páginas escritas forman mi historia, pero yo soy quien decide como continuarla. Los recuerdos del baúl son mi base, pero no mi prisión. El jardín de mi mente necesita tanto la luz del sol como la lluvia de las emociones para florecer en plenitud. Las flores de mi corazón no solo resisten las sombras, sino que las utilizan para crecer más fuertes, para abrirse con más brillo, para demostrar que la vida siempre encuentra la manera de triunfar.
Yo no soy un libro cerrado, ni un jardín abandonado. Soy un ser en constante movimiento, en constante creación. Mis demonios pueden gritar, mis sentimientos pueden rugir, el tiempo puede intentar borrar mis huellas —pero nada detendrá que mis flores sigan abriéndose hacia el cielo, que mis páginas sigan llenándose de vida, que mi alma siga expandiendose más allá de cualquier límite que intenten ponerle. Porque aquí estoy, más vivo qué nunca, listo para escribir el próximo capitulo de mi historia con todas las fuerzas que llevo dentro. ValVil.
Editado: 22.04.2026