Versos Que Enamoran El Alma

BUSCANDO PAZ Y OLVIDO

Soy una mente extraña que va vagando, que va regateando con los extraños sucesos de la vida, soy un poco raro, y la vida un poco extraña: dos caminantes que se cruzan en sendas sin mapa, dos voces que hablan en idiomas que solo el silencio entiende, dos sombras que se persiguen sin nunca alcanzarse, y que al final, se abrazan, como quien abraza lo que no puede explicar.

Vago por calles que no tienen nombre, por caminos hechos de polvo y de recuerdos, por rincones donde el tiempo se detuvo y se quedó mirando lo que yo no me atrevo a ver. Llevo en los bolsillos pedazos de días rotos, de momentos que se escaparon entre mis dedos, de palabras que dije sin querer, y de otras que me guardé hasta que se volvieron peso. Regateo con la vida, si, lo confieso: le pido un poco de calma, y ella me da tormentas; le pido claridad, y ella me envuelve en niebla; le pido respuestas, y ella me devuelve más preguntas, como si jugar fuera su forma de enseñarme a vivir.

Me dicen que soy raro, que mis pasos no siguen la marcha, que mis ojos ven cosas que nadie más nota, que mis pensamientos vuelan por cielos qué no existen, que hablo con el viento y me hago amigo de las sombras. Y es verdad: yo veo historias en las grietas de las paredes, oigo cantos en el ruido lejano de la lluvia, siento el dolor de los árboles cuando los cortan y la alegría del río cuando corre hacia el mar. La vida también es extraña, lo sé bien: un día te regala un sol que te llena el pecho, al otro día te quita todo lo que creías tuyo, te pone pruebas que parecen demasiado pesadas y te hace caminar por abismos sin red ni guia. Es un juego de azar donde nadie sabe las reglas, un laberinto sin salida y con mil caminos, un poema que se escribe mientras se lee, y que cambia de sentido según quien lo recita.

Por eso voy buscando paz, esa paz que no se compra, que no se encuentra en las vitrinas ni en las palabras bonitas, esa que habita en lo profundo del ser, donde el ruido del mundo ya no llega, donde los miedos se vuelven pequeños y se van, donde el corazón puede latir sin prisa y sin miedo. Y busco también el olvido, no el que borra todo, no el que hace que nada quede, ni nada importe, sino el olvido que libera, el que suelta las cadenas, el que deja atrás lo que ya no sirve, lo que ya duele, lo que solo ocupa espacio y pesa en la memoria, el que nos permite seguir sin cargar con el pasado a cuestas.

He caminado por valles llenos de flores y de luz, y también por desiertos donde solo había soledad, he subido montañas altas hasta tocar las nubes, y he bajado a profundidades donde la oscuridad era todo, he hablado con personas que me enseñaron a amar, y con otras que me hicieron dudar de todo lo que creía, he reído hasta que me dolió el pecho, y he llorado hasta quedarme sin lágrimas, he tenido todo, y de repente no tener nada, he creído saberlo todo, y luego descubrir que no sabía nada. Todo eso son los extraños sucesos de la vida, esos son los extraños sucesos de la vida, esos con los que regateo día tras día, esos que me hacen ser quien soy: una mente extraña, un ser que busca, que duda, que siente, que aprende, que a veces se pierde, y a veces se encuentra, que camina sin rumbo, pero siempre con un deseo: encontrar la paz, encontrar el olvido, encontrar un lugar donde por fin descansar.

Hay noches en que me quedo mirando el cielo, contando estrellas que nadie más cuenta, pensando en todo lo que pasó y en lo que vendrá, preguntándome por qué las cosas son como son, por qué el dolor existe, por qué la alergia se va, por qué hay momentos que se quedan grabados a fuego, y otros se desvanecen como el humo en el aire.

Esas noches la vida se vuelve más extrañas aún, y yo me vuelvo más raro, más lejos, más dentro de mi, como si todo lo que existe fuera solo pensamiento, como si yo fuera un sueño que alguien está soñando, y que en cualquier momento se va a terminar.

Pero luego llega el día, sale el sol, toca mi cara con su luz tibia y suave, y me recuerda que estoy aquí,que estoy vivo, que aunque todo sea extraño, aunque yo sea raro, hay belleza en lo que no se entiende, hay sentido en lo que parece no tenerlo, hay paz que se va construyendo paso a paso, y olvido que llega poco a poco, sin prisa.

He aprendido que regatear con la vida no es mala cosa, es mi forma de dialogar con lo que me toca, es mi manera de decirle: "aquí estoy, aquí estoy, tengo mis dudas, mis miedos, mis ganas, no acepto todo sin preguntar, sin pensar, pero tampoco rechazo lo que me enseña".

He aprendido que ser extraño es un regalo, porque ver el mundo distinto es verlo más completo, porque sentir más hondo es vivir más verdadero, porque pensar en caminos que nadie más camina es encontrar tesoros que nadie más ha visto.

La vida con sus vueltas y sus sorpresas, con sus momentos dulces y sus momentos duros, también es un regalo, aunque a veces duela, porque todo lo que pasa nos hace crecer, nos hace ser más fuertes, más sabios, más humanos, nos lleva justo hacia donde tenemos que ir, aunque no lo entendamos mientras estamos caminando.

Y así sigo vagando, como mente extraña y libre, regateando voy con cada suseso que se cruza en mi camino, aceptando lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, lo que se entiende y lo que es un misterio eterno.

Sigo buscando la paz, esa que no llega de golpe, sino que se va tejiendo con cada acto de perdón, con cada momento de silencio y de calma, con cada vez que decido dejar de pelear contra lo que es, y empiezo a fluir con la corriente, como el agua.

Sigo buscando el olvido, ese que no borra las huellas, pero que hace que ya no duelan, que ya no pesen, ese que deja que el recuerdo quede como una lección, como una historia que ya paso, qué ya se vivió, y que ahora solo sirve para saber quién he sido, y quien quiero ser desde hoy en adelante.

A veces me detengo, me siento en una piedra al borde del camino, miro todo lo que he andado, todo lo que he vivido, y sonrío, porque al final, lo extraño es lo más hermoso, lo raro es lo que hace que todo tenga color, lo que no se entiende es lo que nos invita a seguir buscando, a seguir preguntando, a seguir viviendo con el alma abierta.




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