¿Cómo te saco de mi cabeza? Porque siento a veces que esto solo lo siento yo. ¿Conectamos? Yo lo sentí y siento que tú también; mientras que yo lo acepto, tú lo niegas. ¿Verdad? Quiero creer que sí, porque si no realmente volvería a equivocarme y me niego a tener que olvidar esto tan hermoso que está creciendo en mí y estoy sintiendo. ¿Riesgo? ¿Miedo? Que me rompas el corazón. ¿Decepción? ¿Tristeza? Que ambos compartamos el sentimiento, pero tus miedos no te permitan volver a sentir lo que es ser amado. ¿Loca? Tal vez, pero eso no quita lo que siento. Te preguntarás... ¿Qué sientes? Un sentimiento me carcome de la forma más bella e ingenua al querer a otra persona, por la cual estás dispuesta a dar todo lo que tienes sin pensarlo dos veces, sacrificarte hasta el último aliento si es necesario, por verlo sonreír. ¿Sonreír? Lo admito, quiero hacerte y verte sonreír... ¿Lo querría si no es conmigo? Sinceramente me dolería, pero mientras seas feliz, yo también lo estaré... aunque no sea a mi lado. Si supieras que con solo verte a lo lejos iluminas mis días, que no hay mañana en la que despierte y no anhele el poder tan siquiera volver a verte, ni un atardecer en el que no me pregunte lo que pudo ser.
Tal vez hubiera tenido alguna oportunidad, pero siento que yo la pude haber arruinado aquella tarde donde hablamos realmente por última vez, donde estuviste con los muros en alto pero luego, por un instante, por una pequeña grieta, me dejaste entrever tu ser más noble lleno de heridas. Vulnerable, como si por un momento te quitaras la máscara de dureza. Te juro que me destruye el alma. Me encantaría estar para ti, apoyándote y dándote fuerzas y aliento para seguir adelante. ¿Metí la pata? Lo acepto, por un momento me dejé llevar por tus hirientes palabras, que intentaban confundir mi mente y hacerme olvidar tu momento de vulnerabilidad donde me mostraste por un segundo tus sentimientos que, a mi entender, eran correspondidos. Porque, de estar equivocada, no te hubieras quedado sorprendido cuando tu boca te traicionó y demostró todo lo contrario, mostrándome tu temor de hacerme daño por tu corazón partido.
Tus palabras buscaban alejarme, pero tus ojos derrochaban añoranza. Citando parte de tus palabras: "Me hago daño, te haré daño, le hago daño a todos los que me rodean", dijiste con un tono y una mirada que quedó grabada en mi mente. Me pregunto qué te pasó para que hayas quedado así. Hice mal al decirte "si vas a jugar, avisa y jugamos todos"; me arrepentí al instante porque hasta esas palabras que quería usar para dañarte me dañaron a mí como toda espada de doble filo.
Pero a pesar de todo, quisiera que me permitieras enmendar mi error, que me dejes entrar en tu vida y me permitas mostrarte lo bello que es realmente amar y ser amado. Un sentimiento recíproco donde ambas partes sean felices, se sientan tranquilas y estén cómodas consigo mismas y juntas a la vez. Una relación donde puedas volar sin ataduras, donde puedas soñar, tener metas y cumplirlas juntos. Ser el punto de apoyo del otro para que, cuando uno caiga, el otro estire su mano y lo ayude a levantarse, y cuando se esté rindiendo, el otro lo impulse a seguir adelante.