El cielo de la ciudad nunca dejaba de ser gris, un techo burocrático y opresivo que parecía absorber toda esperanza. En un pueblo destruido, entre columnas rotas y escombros, un joven abrió los ojos con dificultad.
Su mente estaba en blanco.
No sabía su nombre. No sabía dónde estaba. Solo quedaba el eco agonizante de una imagen colosal: de una luz blanca y poderosa
De pronto, su cuerpo reaccionó. Los mechones de su cabello negro azabache comenzaron a blanquearse desde las raíces, brillando con un tono místico y puro. Pero el cambio fue demasiado violento. Su cerebro incapaz de soportar el peso de lo que estaba despertando, activó un mecanismo de defensa, selló todos sus recuerdos. El poder se durmió al instante. El cabello blanco se apagó tan rápido como había aparecido, regresando a un castaño apagado y corriente. El chico cayó inconsciente sobre el concreto frío.
A kilómetros de distancia, en las Oficinas Centrales de Control, las pantallas se tiñeron de rojo.
-¡Alerta máxima! Señal de Despertar Verdadero nivel 12 detectada en el Sector Olvidado! Repito: Despertar Verdadero nivel 12. Escuadrón de contención en camino.
El rugido de un motor blindado rompió el silencio del pueblo. Un camión militar frenó bruscamente, levantando polvo y grava. De su interior descendieron tres Laureles Blancos.
Al llegar al punto exacto señalado por el radar, se detuvieron. Las armas bajaron ligeramente.
-¿Esto es todo? -murmuró Elar un joven de cabello celeste apagado -. Las lecturas decían que acababa de nacer un Dios... y solo hay un sujeto tirado en el suelo.
-No bajes la guardia -le dijo Vale una jovencita de color naranja puro, sin apartar la vista del chico-. El radar del Gobierno no se equivoca. Puede que el Despertar ya haya escapado y lo haya dejado aquí como basura.
Mara una Jovencita de cabello púrpura claro, se acercó con cautela y se arrodilló junto al joven. Apenas le tomó el pulso cuando este abrió los ojos de golpe, aterrado. Intentó arrastrarse hacia atrás, respirando con dificultad.
-Tranquilo -dijo Mara con voz suave
-. No vamos a hacerte daño. ¿Puedes hablar? ¿Cómo te...?
Una sirena ensordecedora interrumpió sus palabras. Una segunda alarma.
-¡Corrección de coordenadas! Nueva lectura de Despertar Verdadero nivel 3 a tres kilómetros al norte. Error de fase por interferencia.
-Vámonos -gruñó Elar-. No podemos perder tiempo.
-No podemos dejarlo aquí con un Despertar suelto -decidió Mara, ayudando al chico a levantarse-. Sube al camión. Te llevaremos a la base.
Apenas unos minutos después, el vehículo se detuvo de golpe en mitad de una avenida destruida. Raíces gigantescas brotaban del asfalto como serpientes enloquecidas. Un ciudadano común había colapsado y despertado un Despertar nivel 3 con el poder de controlar las plantas. Edificios enteros crujían bajo el ataque de las enredaderas.
-¡Aseguren al civil y neutralicen al maldito objetivo! -ordenó el Capitán Bren desde el asiento del conductor, sin siquiera molestarse en bajar. Encendió un cigarrillo con total calma.
El protagonista, preso del pánico y el miedo a quedar encerrado, empujó la manija de emergencia y salió del camión.
Justo en ese instante, una enredadera gruesa y llena de espinas afiladas se lanzó directamente hacia su cabeza.
¡ZAP!
Mara se teletransportó frente a él en una fracción de segundo. Con un giro preciso, pateó la raíz, desviándola por centímetros. El chico se quedó paralizado, mirándola. Por un breve instante, las puntas de su cabello castaño se aclararon, casi blancas, mientras una extraña calidez le recorría el pecho recordando:
-yo te cuido - una chica von el rostro borroso pero con una sonrisa.
Mara se giró hacia él, furiosa:
-¡¿Qué demonios crees que haces?! ¡Te dije que te quedaras dentro!
No vio el proyectil de savia somnífera que volaba hacia su espalda.
-¡Cuidado! -El chico actuó por puro instinto. Extendió la mano.
¡BOOM!
Un escudo de energía pura, pálida y resplandeciente, se materializó en el aire, desintegrando el proyectil en una onda expansiva. El escudo desapareció tan rápido como había aparecido.
Mara se quedó congelada, mirando los restos de energía y luego al chico. Un leve sonrojo tiñó sus mejillas.
-¡Mara, detrás de ti! -gritó Elar, llegando tarde.
La batalla estalló. Los tres Laureles Blancos entraron en Fase 2: sus cabellos se volvieron completamente negros. Mara se teletransportaba constantemente, golpeando con fuerza sobrehumana. Elar congelaba raíces mientras las congelaba con hielo, y Vale quemaba todo a su paso con intensas llamaradas.
Desde las barricadas, el Capitán Bren se acercó tranquilamente al protagonista. Su cabello ya era negro sin esfuerzo alguno. Se agachó a su lado y le ofreció un cigarrillo.
Nova, aún temblando, lo aceptó. Al intentar encenderlo, se quemó los dedos y soltó un quejido, sacudiendo la mano.
-ah -
Bren soltó una carcajada ronca y sincera.
-Jajajaja... definitivamente eres un caso, castañito -dijo, dándole una palmada en la espalda-. Bueno, ya fue suficiente diversión.
Se puso de pie, estiró el cuello y avanzó.
-¡Se están tardando demasiado! -gritó.
Los tres jóvenes se retiraron de inmediato. Bren dio un solo paso, concentró una enorme presión de aire en su puño y lo lanzó al vacío.
La onda expansiva barrió toda la calle. Las plantas fueron arrancadas de raíz y el Despertado cayó inconsciente en menos de un segundo.
Bren guardó las manos en los bolsillos y se giró.
-Limpien esto. Y que sea rápido.
-¡Sí, señor! -respondieron los tres al unísono.
Nova, queriendo ayudar, se cuadró torpemente y gritó con voz temblorosa:
-¡Sí, señor!
Luego agarró una rama rota y empezó a arrastrarla, intentando "limpiar" el desastre. Mara tuvo que taparse la boca para no reírse.
De regreso en la Base de Operaciones del Gobierno, el Despertado de plantas fue encadenado y llevado al centro médico. Bren bajó del camión, exhalando el humo con fastidio.